Dilemas en patología osteoarticular Manejo práctico del dolor crónico osteoarticular

MANEJO TERAPÉUTICO

Puesto que el dolor osteoarticular tiene múltiples orígenes, las posibilidades de tratamiento son muy variadas dependiendo de la patología causante de dicho síntoma. En este apartado vamos a tratar de definir de una manera general el tratamiento básico del dolor osteoarticular como síntoma, pero sin olvidar alguna terapia más especifica de determinadas patologías como la artrosis o la fibromialgia que son el origen de una parte importante del dolor osteoarticular crónico, y sin cuyo abordaje nos resultaría imposible entender todos los aspectos del tratamiento tanto en su vertiente farmacológica como no farmacológica. Pasamos a describir a continuación los diferentes fármacos y técnicas de fisioterapia y rehabilitación que se emplean en el tratamiento.


Generalidades

El primer paso en el abordaje terapéutico del dolor osteoarticular crónico han de ser siempre las medidas no farmacológicas que comprenden la información al enfermo y a sus familiares acerca de la enfermedad, autocuidados, el apoyo de los servicios sociales y las terapias ocupacionales, reducir el sobrepeso para lograr cierto grado de descarga articular y realizar ejercicio físico adecuado para su patología, puesto que en procesos como la artrosis se ha demostrado un alivio del dolor, mejoría subjetiva del paciente y mejoría de los parámetros funcionales.

El tratamiento farmacológico del dolor es una de las herramientas fundamentales, que debe integrar un plan terapéutico integral, donde los analgésicos son la base del mismo. Podemos actuar en diferentes niveles:

o En la producción del dolor, realizando su tratamiento etiológico y/o fisiopatológico.
o En la transmisión del dolor, bloqueando la transmisión de los impulsos dolorosos hacia el sistema nervioso central.
o En su percepción, mediante los analgésicos y fármacos coadyuvantes.

Los analgésicos son fármacos que eliminan o disminuyen el dolor sin provocar alteraciones importantes de la conciencia ni otras sensaciones. Se dividen en dos grandes grupos: opiáceos y no opiáceos (AINE y paracetamol). Los opiáceos actúan en las vías eferentes del dolor, disminuyendo o bloqueando los mensajes dolorosos a nivel de la médula espinal. Los AINE y paracetamol bloquean la liberación de los neurotrasmisores a nivel de los nociceptores.

La medicación coadyuvante está constituida por fármacos que tienen su indicación principal diferente a la analgésica, pero tienen capacidad analgésica en circunstancias seleccionadas, como por ejemplo el uso de antidepresivos en los dolores neuropáticos. En la Tabla 4 presentamos de manera general un ejemplo de tratamiento escalonado para la artrosis, patología que con más frecuencia da lugar a dolor osteoarticular crónico (recomendaciones EULAR para artrosis de rodilla y cadera).


Paracetamol

El paracetamol se puede considera como el analgésico básico en el abordaje de la mayoría de dolores osteoarticulares crónicos y en muchos casos, como en la artrosis resulta el medicamento de primera elección recomendado por la mayoría de las guías internacionales. Las razones que conducen al paracetamol como fármaco de primera elección se fundamentan en decisiones individualizadas ante cada paciente, basadas principalmente en criterios de seguridad, intensidad del dolor, costes o preferencias del paciente ya que hasta la fecha no se ha podido identificar ninguna manifestación clínica que permita conocer de antemano y de forma fiable que enfermos responderán mejor al paracetamol o a los AINE, aunque estos últimos se demuestran con más riesgo de toxicidad pero con mayor potencia analgésica. Las evidencias están basadas en las guías de práctica clínica y documentos consenso de los expertos. En este sentido, las guías terapéuticas para la artrosis de cadera y rodilla del Colegio Americano de Reumatología proponen comenzar con analgésicos simples, y consideran que el paracetamol a dosis de 1 g hasta 4 veces día es el tratamiento de elección antes del uso de AINE.

Los estudios comparando paracetamol y AINE indican diferencias analgésicas a favor de estos últimos, sobre todo en dolores moderados-intensos, pero la diferencia es escasa en dolor leve. Existen otros estudios que basan sus resultados en encuestas realizadas a pacientes para determinar sus preferencias con respecto a los fármacos que disminuyen el dolor en la artrosis, que muestran una preferencia por los AINE frente al paracetamol en estudios a corto plazo, mientras que las diferencias disminuyen en pacientes de edad avanzada. Se suele usar a dosis máximas de 4 g/día, con escaso riesgo gastrointestinal.

En otras entidades como la cervicalgia crónica, de modo sorprendente, no se encuentra evidencia acerca del paracetamol. Si hallamos sin embargo algún beneficio con paracetamol en ensayos de enfermos con dolor lumbar crónico leve-moderado.

El uso aislado de analgésicos y AINE no suele ser demasiado efectivo en el tratamiento del dolor de fibromialgia, aunque puede iniciarse con una pauta fija de 1 g de paracetamol de 3 a 4 veces al día, o con AINE tipo ibuprofeno 400-600 mg/8 horas.


AINES CLÁSICOS

Los AINE son un grupo heterogéneo de fármacos que se caracterizan por tener en mayor o menor medida tres acciones: analgésica, antiinflamatoria y antipirética.

El mecanismo de acción principal es la inhibición de la ciclooxigenasa (COX), con lo cual se frena la síntesis de prostaglandinas que son las causantes de producir hiperalgesia por sensibilización de las terminaciones nerviosas nociceptivas. Se conocen dos isoformas de la COX, la COX-1 y la COX-2. La COX-1 es constitucional, y está implicada en el mantenimiento de la homeostasis del medio interno, la integridad renal y gástrica. La COX-2 se encuentra en el lugar de la inflamación. Por esto la última tendencia es sintetizar AINE que inhiban selectivamente esta isoenzima, sin afectar la producción de prostaglandinas en riñón y estómago. Poseen buena absorción por vía oral, alta unión proteica y buena difusión en los fluidos corporales (líquido cefalorraquídeo, sinovial). Se metabolizan en el hígado y se eliminan por el riñón. Tienen efecto techo para su analgesia, es decir que al alcanzar la dosis máxima para determinado fármaco no aumentamos esta acción en cambio si aumentamos sus efectos secundarios. No producen tolerancia ni dependencia física o psíquica.

Entre las reacciones adversas más comunes se destacan: la toxicidad gastrointestinal y la toxicidad renal aguda o crónica. El efecto más importante por su gravedad es la capacidad de desencadenar lesiones macroscópicas de la mucosa gastrointestinal, las cuales pueden complicarse por hemorragia o perforación, por lo que el riesgo de morbimortalidad aumenta. El consumo crónico aumenta el riesgo de estas complicaciones. Uno de cada 1.200 pacientes de USA tomadores de AINE al menos durante dos meses, fallecen por complicaciones gastrointestinales. Se debe investigar al prescribir un AINE factores de riesgo que pueden aumentar las complicaciones (Tabla 5).

La capacidad de producir complicaciones gastrointestinales es diferente en los distintos grupos, el ibuprofeno es de los menos dañinos para la mucosa gástrica, los más gastrolesivos son el ketoprofeno y el piroxicam, siendo intermedios el AAS, el sulindaco, el naproxeno y la indometacina.

En personas con función renal normal el efecto agudo de los AINE sobre el riñón es despreciable. Sin embargo en situaciones en que esté comprometida la función renal como hipotensión, hiperreactividad del sistema renina angiotensina o del sistema nervioso simpático, el riñón aumenta la producción de prostaglandinas para asegurar un flujo sanguíneo adecuado. En estas situaciones los AINE pueden desencadenar lesiones agudas del riñón. El riesgo de producir estas complicaciones es relativamente alto con la indometacina o fenilbutazona, más bajo con el diclofenaco, sulindaco, piroxicam y meloxicam. Las situaciones de mayor riesgo para la nefrotoxicidad son el consumo crónico de asociaciones de AINE, dosis acumulativas, largos períodos de ingestión, edad mayor de 65 años, especialmente asociado a insuficiencia cardiaca congestiva, hipertensión arterial e insuficiencia renal, y una potenciación debida a la asociación con la cafeína.

En cuanto a si un AINE es más efectivo que otro para el tratamiento del dolor hay varios estudios que comparan AINE y analgésicos y que calculan el NNT (Número Necesario a Tratar) que no han demostrado diferencias estadísticamente significativas de un AINE con respecto a otro, ni en el tratamiento de la artrosis ni de la artritis reumatoidea. En la elección de un AINE hay que tener en cuenta no solo su eficacia, el costo, sino también su tolerancia y las características del paciente tales como la edad y patologías que presente y que puedan favorecer la aparición de efectos secundarios. Además la repuesta frente a un AINE es individual y el fracaso con el uso de uno no se debe considerar como un fracaso de grupo, y si no obtenemos la respuesta esperada lo podemos intentar con otro.

No existe evidencia de que la administración por vía parenteral o rectal sea más efectiva que la administración del mismo fármaco por vía oral, por lo que siempre se prefiere la vía oral, excepto que el paciente no pueda deglutir.

Su indicación de primera elección es clara en patología aguda o en enfermedades reumatológicas crónicas con brotes causantes de dolor como en la artritis reumatoide, donde predomina una gran actividad inflamatoria de manera crónica. A pesar de que los AINE tienen un mayor efecto analgésico en la artrosis, es recomendable como ya hemos comentado, probar primero la respuesta al paracetamol, dado que para un número considerable de enfermos la eficacia de éste será suficiente y ofrece ventajas en cuanto a seguridad y relación beneficio-coste.

Los AINE tienen mayor eficacia analgésica que el paracetamol en el tratamiento de la artrosis de rodilla. Esta conclusión se ve avalada por una evidencia satisfactoria, basada en una revisión sistemática (hasta diciembre de 2001) y un ensayo clínico de buena calidad según la escala Jadad.

La diferencia media estandarizada que se pudo apreciar en el alivio del dolor global entre los AINE y el paracetamol en artrosis en un metaanálisis de estudios hasta julio de 2003 y una revisión de los ensayos publicados hasta septiembre de 2004 mostró una diferencia en el efecto de ambos fármacos de un 0,23 (IC del 95 por ciento, 0,13-0,34), que indica un beneficio modesto a favor de los AINE.

En resumen, los datos actuales en osteoartrosis nos permiten afirmar que existe la misma diferencia en el alivio del dolor entre paracetamol y placebo (0,21; IC del 95 por ciento, 0,02-0,41) que entre AINE y paracetamol (0,23; IC del 95 por ciento, 0,13-0,34).

El médico debe realizar una cuidadosa valoración clínica de cada caso y comentar con el enfermo las ventajas e inconvenientes, tanto del paracetamol como de los AINE, para que el enfermo pueda participar de forma activa en la decisión.

No existe evidencia para afirmar que los AINE, con excepción de la indometacina, favorecen la progresión de la artrosis, aunque en los ensayos donde se alcanzó esta conclusión se hallan algunos problemas metodológicos.

En cuanto a la cervicalgia crónica, los AINE no demostraron efectividad (revisión Cochrane 2005).

En el dolor lumbar crónico, existe evidencia de beneficio con los fármacos antiinflamatorios (van Tulder et al. 2000).

En la artritis reumatoide son de elección sobre otros analgésicos (paracetamol, opioides), debido a la gran actividad inflamatoria presente en la afectación articular de esta patología, pero siempre debemos ajustarnos a la dosis mínima eficaz y en periodo lo más cortos posible.


Coxibs

Ya hemos visto como los efectos beneficiosos de los AINE, están asociados con la inhibición de la COX-2 mientras que los efectos adversos perjudiciales, están asociados con la inhibición de la COX-1. Los argumentos a favor de los coxibs (inhibidores de la COX-2) es que son tan efectivos como los AINE, porque inhiben la enzima ciclooxigenasa-2 que produce el dolor y no son tan peligrosos, porque no inhiben la enzima ciclooxigenasa-1.

Este grupo de fármacos se definió en una reunión de consenso internacional donde se propuso una definición de los inhibidores específicos de la COX-2, que incluyó en un principio tanto a rofecoxib como celecoxib ya que cumplían con los criterios de la definición de la especificidad de la COX-2 en el hombre.

Más de 40 AINE clásicos y algunos inhibidores de la COX-2 han sido estudiados y comparados. De los datos obtenidos se demuestra que estos compuestos presentan un amplio abanico de potencia relativa para inhibir la COX-2 con respecto a la COX-1. No obstante rofecoxib y celecoxib demostraron una inhibición mucho mayor de la COX-2 que de la COX-1.

En el control del dolor de los pacientes con artrosis, los coxibs son más eficaces que el paracetamol y presentan, por el contrario, una eficacia similar a la de los AINE clásicos, no observándose diferencias significativas entre ellos. Un metaanálisis realizado por la biblioteca Cochrane, observa que en la artrosis de rodilla los coxibs son más efectivos que el paracetamol para el control del dolor. Sin embargo, en otros ensayos clínicos aleatorizados, no se ha detectado superioridad en el tratamiento del dolor de los AINE clásicos sobre los coxibs, o viceversa. Por tanto, la evidencia con respecto a la eficacia apoya el uso preferente de coxibs sobre paracetamol en artrosis, si bien otras consideraciones, como la relación coste-beneficio o la seguridad, deben influir en la decisión.

Existen múltiples ensayos con rofecoxib en la artrosis que demuestran su eficacia sobre paracetamol y placebo, pero no vamos a referirnos a ellos en este trabajo puesto que tras su retirada por falta de seguridad, su uso ya no tiene sentido.
Existen ensayos randomizados que han determinado la eficacia de celecoxib 50 mg, 100 mg y 200 mg dos veces al día, o placebo, o naproxeno 500 mg dos veces al día en artrosis. Los tratamientos activos fueron superiores al placebo, y además hubo cierta evidencia de que la dosis más baja de celecoxib fue menos efectiva. También hubo menos abandonos debidos a falta de eficacia con las dosis más altas de celecoxib que con placebo. Los abandonos debidos a efectos adversos, fueron similares a placebo. Hubo edema periférico en el 1 por ciento de los pacientes con placebo, 2 por ciento con naproxeno y dosis bajas de celecoxib, y un 4 por ciento con la dosis más alta de 200 mg dos veces al día.
En la artritis reumatoide existen varios ensayos clínicos randomizados a doble ciego que han analizado los coxibs. El primero de los principales resultados fue el porcentaje de pacientes que respondieron a los 20 criterios del Colegio Americano de Reumatología. Esto supone un 20 por ciento de mejora en partes blandas y articulaciones inflamadas y un 20 por ciento de mejora en tres de las cinco restantes medidas principales. Un ensayo doble ciego no encontró diferencias en cuanto a eficacia entre 200 mg de celecoxib dos veces al día y diclofenaco retard 75 mg dos veces al día en 655 pacientes con artritis reumatoide durante 24 semanas. Las retiradas por efectos adversos fueron mas bajas (10 por ciento) con celecoxib que con diclofenaco (19 por ciento), siendo el 6 por ciento y el 16 por ciento respectivamente por efectos adversos gastrointestinales. Tuvieron edema periférico el 3 por ciento de los pacientes con celecoxib y el 2 por ciento con diclofenaco.

Valdecoxib, otro coxib que se mostraba como una adecuada alternativa terapéutica a los pacientes con cuadro de osteoartritis aguda y artritis reumatoide, con eficacia similar a las dosis superiores de AINE pero sin los riesgos que éstos entrañan por lo que respecta a lesiones gastrointestinales y alteraciones renales, también fue retirado del mercado en abril de esta año por problemas de seguridad.

Por último citar que existe algún estudio en lumbalgia crónica sobre estos antiinflamatorios inhibidores específicos de la ciclooxigenasa II (Katz et al. 2003), que demuestran su eficacia superior a placebo con menos riesgo digestivo que los AINE clásicos. En el resto de posibles indicaciones no existen estudios.


Fármacos tópicos (AINE, Capsaicina)

Los AINE aplicados de forma tópica son eficaces para reducir el dolor y mejorar la funcionalidad de los pacientes con artrosis de grandes articulaciones como la rodilla (grado de recomendación A). Por lo general, la mayoría de los ensayos clínicos que evalúan el empleo de los AINE aplicados de forma tópica, bajo diferentes presentaciones (crema, gel o parche), concluyen que los AINE tópicos son eficaces para reducir el dolor y mejorar la funcionalidad de los pacientes con artrosis de rodilla, al tiempo que evitan los efectos adversos que con frecuencia presenta la vía oral. Comparado con AINE orales, existe un ensayo que halló que el piroxicam tópico, no sólo no es más eficaz que el ibuprofeno oral, sino que además resulta más tóxico, desde el momento en que puede ocasionar reacciones locales. En cualquier caso, no existen apenas ensayos clínicos con un período superior a las 4 semanas de tratamiento, por lo que, aunque si parecen mejorar la clínica dolorosa en procesos osteoarticulares de carácter crónico no hay evidencia de que el uso prolongado de AINE tópico, durante más de un mes, sea eficaz.

Parecen existir también diferencias entre los diferentes preparados, así el ketoprofeno, el ibuprofeno y el piroxicam han demostrado dicha eficacia, con un NNT de 3,9, después de una semana de tratamiento, este efecto no pudo ser demostrado con benzidamina e indometacina.

La capsaicina es un alcaloide presente en cierto tipo de guindillas picantes cuyo uso tiene gran difusión. Actúa sobre la sustancia P, implicada en el inicio de la transmisión del estímulo doloroso, promoviendo su liberación en los nervios periféricos, deplecionando sus niveles e inhibiendo su recaptación.

La capsaicina aplicada de forma tópica es eficaz para reducir el dolor y mejorar la funcionalidad de los pacientes con artrosis de rodillas y manos (grado de recomendación A) como así lo demuestran múltiples ensayos clínicos. En un metaanálisis del año 2001, realizado a partir de 3 ensayos clínicos aleatorizados, se constata una mejoría del dolor y sensibilidad con tratamiento local con capsaicina. En un estudio de 1994, realizado con 113 pacientes con artrosis de rodilla, tobillo, codo, carpo y hombro, se observó una mejoría del dolor, sensibilidad y funcionalidad articular a los 3 meses del tratamiento.

En otra revisión de 2001, se describe un ensayo de 1991 pacientes en el que los pacientes del subgrupo con artrosis mostraron una considerable mejoría mientras estaban usando capsaicina, comparada con el placebo.
Hay estudios que muestran que la capsaicina tópica y el trinitrato de glicerina tienen efecto analgésico en el dolor de la artrosis y este efecto se incrementa cuando se usan juntas. El efecto secundario más importante es la sensación de quemadura local.


Opiáceos

Grupo de analgésicos cuya característica común y principal es su afinidad por los receptores opioides que se encuentran distribuidos por el sistema nervioso central (SNC) y sistema nervioso periférico (SNP), por medio de los cuales ejercen sus acciones farmacológicas. Su efecto analgésico suprime casi todos los tipos de dolor cualquiera que sea su intensidad o localización. Este no tiene techo, es decir que el aumento de la dosis otorga un efecto mayor, siendo su limitante principal la aparición de efectos secundarios. Como consecuencia de su interacción con los receptores induce analgesia, depresión respiratoria, tolerancia, dependencia física y otros síntomas subjetivos que pueden favorecer una conducta autoadministradora, es decir farmacodependencia.

La morfina deprime la función respiratoria de forma constante y dosis dependiente; pero la incidencia de esta complicación es baja, a pesar de terapias prolongadas, sobre todo si el paciente continúa dolorido, ya que este representa un estímulo para evitar la depresión respiratoria. Se debe ir construyendo la dosis adecuada para cada paciente, respetando los tiempos de inicio de acción y de metabolización. Inducen náuseas y vómitos, que es la reacción adversa más frecuente, se presenta en dos tercios de los casos, por acción de la estimulación de la zona desencadenante de la emesis, situada en el bulbo. Esto se controla con antiheméticos de tipo benzamidas, neurolépticos y sus derivados, y antagonistas de la 5HT3 (ondansetrón). A nivel gastrointestinal producen aumento del tono muscular incluidos los esfínteres, y una inhibición de la actividad neurógena, que produce depresión de la motilidad gastrointestinal, lo que favorece el reflujo gastroesofágico y estreñimiento. Este último suele ser prolongado y se debe prevenir y tratar en forma individualizada. El temor a la adicción es alto, y quizás lo que más incide a la hora de iniciar un tratamiento con opiáceos, como también en la selección de la dosis (subutilización). En el tratamiento del dolor crónico con opiáceos, la prevalencia de adicción es relativamente baja, y en la práctica menos de un 0,1 por ciento de los pacientes desarrollan un abuso del fármaco, cuando se usan correctamente y esta es mayor en los pacientes que presentan antecedentes de otras adicciones. Es importante investigar acerca de las potenciales conductas adictivas del paciente, así como sobre la sensibilidad de los opioides al dolor, para lo cual es importante tener bien diagnosticada la enfermedad de base.

Se debe elegir el fármaco y la vía de administración de acuerdo a la intensidad del dolor y tolerancia a la vía oral. Si el dolor es moderado se podrá optar por los llamados opiáceos débiles, propoxifeno, codeína o tramadol, pero si este es severo los opiáceos fuertes serán los indicados, de los cuales el prototipo es la morfina, buprenorfina o fentanilo. La vía de administración ha variado en los últimos tiempos, y ahora podemos optar en pacientes ambulatorios además de la vía oral, por la vía transdérmica disponible en las presentaciones de fentanilo y buprenorfina aprobados ambos en el tratamiento del dolor crónico severo no oncológico. Es clásico contraindicar la terapia prolongada con opioides en los pacientes con dolores crónicos no malignos, por los riesgos de toxicidad, dependencia y tolerancia. Estos conceptos están en revisión, y en algunos casos seleccionados de enfermedades reumáticas se pueden recomendar, siempre que demostremos su eficacia terapéutica, así como la mínima incidencia de efectos secundarios. Si bien numerosos estudios avalan la eficacia de los opiáceos en diversas condiciones dolorosas son escasos los que centran en patología reumática.

Existen pocos estudios controlados con nivel aceptable de evidencia. Un estudio clínico controlado evaluó la eficacia de la morfina administrada durante seis semanas a pacientes con dolor crónico musculoesquelético, que no habían respondido a AINE ni a codeína. Los resultados mostraron reducción significativa del dolor, sin evidencia de dependencia ni cambios físicos y psicológicos. Se ha visto una menor respuesta de los dolores de mecanismo neuropático, por lo cual estos pacientes no se verían beneficiados.

Tramadol ha demostrado su eficacia en la fibromialgia y en la artrosis comparado con placebo sobre todo cuando no responden adecuadamente a los AINE, y se ha demostrado tanto utilizándolo de manera aislada como en su combinación con paracetamol o AINE.

Otros opiáceos como codeína y propoxifeno solos o asociados con paracetamol o AINE han sido comparados versus placebo o versus paracetamol o AINE solos, mostrando una eficacia superior en el tratamiento del dolor crónico osteoarticular.

El problema es que los estudios existentes son bastante heterogéneos y la mayor parte parten de breves períodos de tratamiento, de 1 a 13 semanas, si bien alguno de ellos incluye fases abiertas de hasta 12 meses. Aunque existen algunos estudios con otros opiáceos como oxicodona o codeína de liberación retardada, la mala calidad de éstos impide cualquier conclusión rigurosa por lo que su recomendación es dudosa. Entre los opiáceos mayores sólo existen ensayos clínicos potentes con morfina. La combinación tramadol/ paracetamol (37,5/325 mg, entre 4 y 8 tabletas/día) o tramadol 50 mg (1-2 cápsulas/6 h) añadido a los AINE resulta eficaz para el alivio del dolor en aquellos pacientes con artrosis que presentan dolor importante o brote de dolor a pesar del tratamiento con los AINE. El tramadol 200 mg/día permite una reducción significativa de la dosis de naproxeno en pacientes con artrosis de rodilla que responden a este último. La morfina de liberación lenta o controlada, a dosis de 30 mg/día, es eficaz para el alivio del dolor en pacientes con artrosis de cadera o de rodilla.

Los analgésicos opioides mayores no suelen ser efectivos en el control del dolor en pacientes con fibromialgia, salvo el tramadol aunque con escasa eficacia a dosis entre 100-400 mg/día en ensayos de limitada validez.
No hay estudios que demuestren la utilidad de los opiáceos en la cervicalgia ni lumbalgia crónica.


SYSADOA

Son un grupo de fármacos cuyo acrónimo en ingles significa "symptomatic slow action drug osteoarthritis" y que incluye el sulfato de glucosamina (SG), el condroitin sulfato (CS), la diacereina y el ácido hialurónico (AH).

Su utilidad en el dolor ostoarticular crónico se centra únicamente en la osteoartrosis esencialmente la localizada en rodilla y cadera por lo que los comentarios realizados en este trabajo se refieren exclusivamente a esta patología base de su indicación. El SG es una sustancia natural constituyente principal de la sustancia fundamental del cartílago articular, los proteoglicanos. La razón fundamental para usar el SG en la OA está basada en muchos modelos in vitro y animales de osteoartritis. Por ejemplo, se ha demostrado que el SG normaliza el metabolismo del cartílago, reconstruye el cartílago dañado experimentalmente y tiene propiedades antiinflamatorias leves. En Norteamérica, la glucosamina no se considera un fármaco de prescripción convencional, sino que se considera un suplemento dietético, que está disponible ampliamente como una preparación de venta libre.

Un punto práctico que surge de varios estudios es que la glucosamina tarda un mes en demostrar sus efectos plenamente. El SG administrado por vía oral en cantidades de 1500 mg/día en prácticamente todos los estudios, se revela eficaz para el control de los síntomas de artrosis de rodilla y cadera. Los parámetros utilizados para medir esta eficacia son el dolor mediante la escala analógica visual (EVA), la movilidad, el índice de Lequesne y el WOMAC.

Por otro lado, la existencia de dos metaanálisis, uno de la biblioteca Cochrane en 2001 y otro de Richy et al. en 2002, cuya conclusión determina la evidencia del SG en el control de los síntomas de la artrosis, parece establecer definitivamente su eficacia tanto en comparación con placebo como en la mejor puntuación en la escala de Lequesne.
Los ensayos que comparan el SG con un AINE sugieren que el SG produce beneficios sintomáticos similares a los AINE, pero con una probabilidad mucho menor de resultar en reacciones adversas. Estos resultados sugieren que la terapia con glucosamina podría representar un avance en el tratamiento farmacológico de la artrosis, aunque el SG no disminuye la necesidad de analgesia de rescate en brotes agudos de la enfermedad. El SG puede retardar la pérdida del espacio articular en la artrosis de rodilla y cadera.

El CS es un fármaco eficaz para el control del dolor y en la mejoría funcional de pacientes afectados por artrosis. A partir de la revisión de 3 metaanálisis, se puede considerar que el CS es un fármaco eficaz para el control del dolor y en la mejoría funcional de pacientes afectados por artrosis con un excelente perfil de seguridad. Por lo tanto, el empleo de CS es eficaz para el control de los síntomas de la artrosis de rodilla y cadera. El CS ha demostrado reducir las necesidades de analgésicos o AINE. Este aspecto se valora específicamente en el metaanálisis de Leeb et al. Si bien hace referencia a la imposibilidad de generalizar los resultados de este informe, lo cierto es que en los 7 estudios que valora se aprecia una disminución estadísticamente significativa en el consumo de AINE y analgésicos.

La diacereina, a diferencia de los fármacos anteriores carece de metaanálisis que confirmen su eficacia analgésica en la artrosis, no obstante, su frecuente utilización en aquellos países en los que está aprobada, así como el respaldo explícito de expertos, hace que sociedades como la EULAR o la SER se inclinen por recomendar su uso en artrosis.

El ácido hialurónico intraarticular para la osteoartritis de rodilla es un tratamiento caro que ha sido utilizado ampliamente desde que la FDA lo aprobó en 1997. Los estudios revisados demuestran que el tratamiento con AH es eficaz para el control de los síntomas de la artrosis sobre todo de rodilla. La eficacia del AH en el control de los síntomas de la artrosis de rodilla es objeto de estudio en 5 metaanálisis publicados concluyendo que el AH es un fármaco eficaz para el tratamiento del dolor. El ácido hialurónico de alto peso molecular puede ser más eficaz que el de bajo peso molecular, aunque diferentes preparados de AH intraarticular son bien tolerados y ofrecen el mismo grado de seguridad.

Actualmente, la heterogeneidad manifiesta entre los diferentes estudios impide manejar datos concluyentes capaces de determinar la utilización de AH como tratamiento de primera línea en la artrosis de rodilla. Así, el lugar que ocupa en la artrosis el tratamiento intraarticular con AH está aún por definir. Existen pocos estudios con resultados concluyentes en este sentido. Otras causas de indeterminación son: la utilización de compuestos con diferentes pesos moleculares, las diversas fuentes de obtención y las distintas pautas de aplicación. Por otra parte, la información de la que disponemos no prueba la existencia de una equivalencia terapéutica entre los diferentes preparados, al no disponer de datos comparativos. La evidencia en cuanto al número de ciclos y al esquema de administración del AH es escasa, por lo que resulta difícil verificar el beneficio de la administración de más de un ciclo. Tan sólo un estudio determina que los ciclos de 3 inyecciones intraarticulares semanales surten el mismo efecto que 5 inyecciones semanales.

La evidencia sobre la eficacia de la combinación (paracetamol y/o AINE con SYSADOA orales o intraarticulares) en el control de los síntomas y de la evolución de la articulación artrósica es muy escasa, por la escasez de ensayos que aborden esta cuestión.


Corticoides

Los corticoides son potentes antiinflamatorios que poseen demostrado efecto sobre el alivio del dolor. En reumatología es común su uso por vía sistémica e intraarticular. Por vía sistémica su uso tanto a corto como a largo plazo son efectivos en el alivio del dolor y la rigidez, significativamente mejores que el placebo y que los AINE según lo demuestran recientes revisiones. Sin embargo estos beneficios se ven con altas dosis, que conllevan importantes efectos indeseables, por lo cual su indicación es para casos muy concretos como en enfermedades con repercusión orgánica grave, artritis no controladas con AINE o fármacos de remisión en artritis reumatoide, y como terapia puente al iniciar tratamiento con fármacos de remisión en esta misma patología. En la artrosis no se justifica su uso por vía sistémica, siendo sin embargo preciso de manera frecuente como ya hemos comentado, en el control de síntomas de la artritis reumatoide. En cuanto a su uso intraarticular en la enfermedad reumatológica éste se ha visto incrementado en los últimos tiempos. Esta vía cuando la indicación y la técnica son correctas tiene efectos positivos para el paciente, sobre todo en casos de reagudización o en combinación con otras técnicas como el inicio de fisioterapia o complementando a otros fármacos. La infección secundaria, principal complicación de la misma es rara y se ha estimado su frecuencia en 1 entre 14.000 a 50.000 infiltraciones. Sus indicaciones en patología crónica se resumen en la Tabla 6. Forman parte importante del manejo de la enfermedad inflamatoria articular y deberían ser considerados cuando hay elementos inflamatorios. Pueden ser usados en la artrosis, aunque según las recomendaciones de las guías su empleo debe ser posterior al fracaso de analgésicos y AINE en el control del dolor crónico y deben usarse como adyuvantes a otro tratamiento, pero en ningún caso en artrosis esta justificado el uso regular. Sobre todo tiene que ser considerado este tratamiento en articulaciones accesibles como las manos las rodillas y la cadera.

Hay evidencias en la revisión sistemática de la bibliografía que prueban la reducción significativa del dolor a corto plazo en artrosis de rodilla (de una semana a un mes) tras la administración intaraarticular del corticoide comparado con placebo, y existe un estudio a 6 meses, en el que la inyección intraarticular de una mezcla de acetato y fosfato de betametasona produce una mejoría significativa de la puntuación WOMAC con respecto a los valores basales comparable a la obtenida con AH.

Con respecto a la cervicalgia, un único estudio ha demostrado que la metilprednisolona y la lidocaína epidurales mejoran el dolor y la funcionalidad al año.

En lo que se refiere a las inyecciones de corticoides en la faceta articular en lumbalgia crónica los estudios no encontraron diferencias significativas en las proporciones de la mejoría del dolor entre las inyecciones de corticosteroides y solución salina al primer y tercer mes después de la inyección, RR a corto plazo: 0,89 (0,65 a 1,21) y RR a largo plazo:

0,90 (0,69 a 1,17). Estos números indican que no hay una diferencia significativa entre los grupos. A los seis meses, el porcentaje de pacientes con una mejoría marcada o muy marcada fue significativamente mayor en el grupo tratado con metilprednisolona (46 por ciento versus 15 por ciento, p = 0,002). A pesar de este último hallazgo, se estableció la conclusión de que la eficacia de las inyecciones en la faceta articular es pequeña, debido a que 11 de los 22 pacientes en el grupo de esteroides, que informaron una mejoría sustancial a los seis meses después de la inyección, no informaron tener beneficios en evaluaciones anteriores.


Bloqueos nerviosos

Consiste en inyectar un anestésico local en el nervio, se utiliza en el tratamiento del dolor desde hace un siglo. Se basa en la interrupción de las vías sensitivas y nociceptivas. El bloqueo con agentes anestésicos locales de acción corta proporciona alivio del dolor, y el efecto farmacológico de dicho fármaco dura semanas. No se sabe bien por que mecanismo la acción es prolongada.

Los bloqueos nerviosos que se utilizan para aliviar el dolor pueden realizarse a nivel de los nervios somáticos periféricos, del sistema nervioso central intravertebral (el más aceptado es el epidural), y a nivel del sistema nervioso simpático.
La analgesia epidural, consiste en la introducción de analgésicos opioides y/o anestésicos locales en el espacio epidural o espinal. La administración se puede hacer directamente a través de la aguja (dosis única) o bien por medio de un catéter introducido en dicho espacio, lo que nos permite la administración periódica o continuada. Como anestésico local suele utilizarse la bupivacaína y como opioide la morfina o el fentanilo.

Las inyecciones epidurales en lumbalgia crónica presentan estudios que usaron la procaína. Sin embargo, desde el punto de vista farmacológico es poco probable que la procaína tenga como resultado un alivio del dolor duradero debido a que tiene una duración de acción muy corta (20 a 45 minutos). Por este motivo, se consideró que el tratamiento con procaína era un tratamiento de placebo. Existe también una revisión en lumbalgia crónica de la biblioteca Cochrane en 2005 que sólo encuentra un ensayo clínico aleatorizado que emplee inyecciones epidurales y cuya eficacia no difiere de placebo a corto ni a largo plazo, recomendándose más ensayos ante esta ausencia de evidencia en la efectividad.


Relajantes musculares

Para el trastorno mecánico crónico del cuello o la cervicalgia crónica con irradiación, los agentes miorrelajantes han mostrado resultados variados. El diazepam y el fenobarbital no muestran efectividad, mientras que los ensayos con ciclobenzaprina mostraron resultados contradictorios. Los ensayos individuales con tetrazepam y clorhidrato de eperisona fueron positivos con mejoría leve de los síntomas de dolor.

En el enfermo con dolor crónico secundario a fibromialgia, con la excepción de la ciclobenzaprina, su efecto como coadyuvante analgésico está por demostrar. Así la ciclobenzaprina, en dosis única nocturna o, mejor, en dosis fraccionadas cada 8 horas, puede ser un buen complemento para paliar la contractura muscular de fibromialgia.

En la lumbalgia crónica los relajantes musculares parecen ser efectivos (Browning et al. 2001), aunque los ensayos son muy escasos.


Cirugía

Cuando el tratamiento médico ya no puede aliviar el dolor de la artrosis de rodilla y cadera estaría indicada la cirugía en forma de osteotomía o de artroplastia total o parcial. Un tratamiento adicional utilizado a menudo en la gonartrosis, es el lavado o desbridamiento a través de artroscopia. La evidencia en la que se basa este tratamiento parte de unos cuantos estudios de series de casos que mostraban que la mitad de los pacientes así tratados iban aceptablemente bien a largo plazo, pero las últimas evidencias refieren que la artroscopia con lavado y desbridamiento no tiene ningún efecto beneficioso sobre el dolor por lo que no debe recomendarse su empleo para obtener una mejoría clínica. Las osteotomías pueden aliviar el dolor y prevenir la progresión de la artrosis en pacientes seleccionados. La artroplastia total de rodilla proporciona un gran alivio del dolor y una mejoría funcional en la mayoría de pacientes. En la cadera la artroplastia total es la intervención indicada si existe evidencia radiológica de daño articular y dolor persistente moderado o severo que no muestra alivio sustancial tras un periodo significativo con otras medidas. En otras localizaciones la cirugía que se puede realizar con evidencia de resultados exitosos son en el hombro la realización de artroplastia en artrosis y en la muñeca, tobillo y columna con realización de artrodesis.

En la artritis reumatoide también son útiles procedimientos quirúrgicos, sobre todo artrodesis, en localizaciones como codo o mano para aliviar el dolor, secundario en ocasiones a la deformidad ósea.


Antidepresivos

Se usan en el tratamiento del dolor crónico ya que presentan un efecto analgésico además de un efecto antidepresivo.

Sus aplicaciones en el tratamiento del dolor surgieron de datos anecdóticos, y de la observación de que muchos pacientes deprimidos que se quejaban de algunos dolores, parecían resolverlos cuando se curaba su depresión. Los antidepresivos tricíclicos bloquean la recaptación de la noradrenalina y de serotonina, las cuales están implicadas en las vías moduladoras del dolor mediado por endorfinas, tanto a nivel central descendente como a nivel de la médula espinal.

Los agentes con efecto bloqueador puro de la serotonina en monoterapia no se han mostrado clínicamente eficaces para producir analgesia.

Las tres patologías reumatológicas en las que hay evidencia que disminuyen el dolor son: artritis reumatoide, tanto si el dolor es neuropático o no, en la artrosis y en la fibromialgia.

En la lumbalgia crónica existe una revisión en el año 2003 de Staiger et al. que basándose en un pequeño número de estudios, indican que los antidepresivos tricíclicos y tetracíclicos producen una moderada reducción de los síntomas en pacientes con dolor lumbar crónico independientemente de su estado emocional, aunque se desconoce exactamente cuál es su mecanismo de acción. Por el contrario no es posible afirmar que los inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) mejoren la sintomatología en estos pacientes. Son necesarias más investigaciones para definir mejor los beneficios y riesgos del tratamiento con antidepresivos en el dolor lumbar crónico.

En la fibromialgia el desconocimiento sobre su etiología, imposibilita, por el momento, disponer de un tratamiento farmacológico totalmente efectivo. Se han probado múltiples fármacos, aunque una minoría ha demostrado tener cierta efectividad. En la Tabla 7 se recogen los escalones más aceptados de tratamiento. En el caso de los antidepresivos se usan los triciclicos sólos especialmente la amitriptilina a dosis de 10 hasta 50 mg/día, tomados en dosis única una hora antes de acostarse puede ser eficaz en la mejoría del dolor y del descanso nocturno, o asociados a de un ISRS como fluoxetina, paroxetina o citalopram, a dosis de 20-40 mg/día, con buenos resultados sobre el alivio del dolor y la restauración del sueño. Este grupo de fármacos poseen importantes efectos secundarios por lo que debemos utilizarlos con cuidado.

No existe ningún ensayo clínico adecuado sobre los antidepresivos tricíclicos para la cervicalgia crónica.


Tratamiento rehabilitador y físico

Esta modalidad de tratamiento varía en función del tipo y la intensidad de la clínica de cada paciente. Clínicamente, los aspectos de priorización terapéutica son el dolor, la disfunción muscular y la impotencia funcional secundaria al dolor. El tratamiento sintomático de estos enfermos se basa, fundamentalmente, en procedimientos cuyo objetivo es disminuir la hipertonía muscular y conseguir una situación de relajación para paliar el dolor miotendinoso. Interesa actuar de forma concomitante sobre factores conductuales de sobrecarga, y eliminar la aparición de factores exógenos, como el frío, la humedad, la sobrecarga posicional y el estrés. Aunque diversos métodos, se utilizan habitualmente, la técnica física con mayor evidencia de efectividad es la práctica de ejercicio. Se han probado diversos métodos de cinesiterapia y se ha concluido que los pacientes sometidos a ejercicios de fortalecimiento y tonificación, realizados en condiciones aeróbicas, tienen una mejoría del dolor y la fatiga superior a los pacientes controles o a aquellos que realizan ejercicios de estiramiento. Puede emplearse en osteoartrosis, lumbalgia funcional crónica y en fibromialgia (Tabla 8).

Masajes: Puede aumentar la sensación de alivio y bienestar del paciente. Las formas agresivas o vigorosas de masaje precisan de un fisioterapeuta, pero los masajes más livianos solo requieren una habilidad básica. Se usa frecuentemente para tratar la tensión muscular y el dolor lumbar. Las contraindicaciones son la tromboflebitis, la infección local y las articulaciones inestables.

TENS (Transcutaneal Electrical NeuroStimulation): Estimulación eléctrica transcutánea. Existen varias teorías al respecto de su mecanismo de acción: activación de controles de inhibición espinal, activación de estructuras nerviosas inhibidoras del dolor en el tronco cerebral, alteración de impulsos nerviosos periféricos y efecto neurohumoral estimulando la liberación de endorfinas. Con fines analgésicos se utilizan altas frecuencias y baja intensidad.

Las sesiones serán de no menos de 30 minutos, diarias, no menos de 6 sesiones.

Hay equipos portátiles que pueden usarse varias horas mientras que el paciente realiza sus actividades.

Contraindicaciones: marcapasos, sobre senos carotídeos, sobre globo ocular, gestación, transcerebral, precauciones en zonas de hipoestesia y anestesia, en niños, piel irritada y con solución de continuidad.

Iontoforesis: Consiste en la introducción en la epidermis y mucosas de iones fisiológicamente activos, aplicados tópicamente, mediante la corriente galvánica. El efecto buscado no es el de la corriente directa, sino los iones introducidos. Existe una larga lista de iones disponibles para su aplicación en un amplio espectro de situaciones patológicas. Las principales indicaciones analgésicas en patología crónica son: síndrome tunel carpiano y afecciones articulares degenerativas (ej.: gonartrosis).

La selección del ión apropiado (ej.: calcio, yodo), está en función de la afección a tratar. Contraindicaciones: implantes metálicos, gestación, lesiones cutáneas, alteraciones de la sensibilidad e hipersensibilidad al fármaco utilizado. Se aplicará en forma diaria durante 15 a 20 minutos en no menos de 8 a 10 sesiones. Se debe vigilar la técnica y la intensidad de la corriente dado el riesgo de necrosis electrolítica (quemadura).

Ultrasonidos: Consiste en la aplicación terapéutica de ondas sonoras por encima del nivel audible al oído humano. Se incluyen, según un criterio amplio, dentro de la electroterapia, pese a ser una modalidad de energía mecánica, originada por la vibración de las moléculas. Las moléculas de los tejidos se someten a vibraciones de elevada frecuencia y la energía mecánica adquirida se transforma en calor, siendo este el principal mecanismo analgésico. Indicaciones: raquialgias con o sin afectación radicular, procesos inflamatorios articulares y periarticulares en etapa subaguda y crónica (tendinitis, bursitis, sinovitis) y contracturas musculares. Contraindicaciones: procesos de etiología maligna, gestantes, procesos con tendencia al sangrado, anestesia cutánea e implantes metálicos. El tiempo de aplicación varía según la extensión de la zona, siendo aproximadamente de 15 a 20 minutos, diarias, no menos de 6 sesiones.

Termoterapia: Es el uso del calor o frío como agente terapéutico. El que se emplea en patología crónica es el calor, aunque tanto el calor como el frío alivian el dolor. El calor reduce el espasmo muscular también reduce la rigidez articular, incrementa el flujo sanguíneo local mientras que el frío lo disminuye. Según si el calentamiento se realiza superficialmente o en profundidad se distinguen dos tipos de termoterapia: superficial y profunda. Dentro de la termoterapia superficial (con penetración de 8 a 10 mm) existen varias modalidades: por conducción (envolturas y compresas, almohadillas eléctricas, bolsas calientes, parafina), por convección (baños, duchas calientes) y por conversión (infrarrojos). Dentro de la termoterapia profunda (con penetración de aprox. 3 a 6 cm de profundidad) se destaca la onda corta. El calor se genera en el espesor de los tejidos corporales por conversión de energía eléctrica en calórica. Indicaciones: Enfermedades reumáticas en etapa subaguda o crónica (no en brote), contracturas musculares y traumatismos de partes blandas tras las primeras 48 horas. Contraindicaciones generales: procesos de etiología maligna, gestación, procesos con tendencia al sangrado y alteraciones de la sensibilidad. Resaltamos como contraindicaciones formales para la termoterapia endotérmica la presencia de objetos metálicos como material de osteosíntesis, prótesis, dispositivos intrauterinos y marcapasos.

Cinesiterapia: La cinesiterapia se define como el conjunto de procedimientos dirigidos a la protección, la recuperación o el perfeccionamiento de la función de las estructuras móviles, mediante el control de las actitudes segmentarias y el empleo de las propiedades profilácticas y terapéuticas del movimiento pasivo y activo, adecuadamente programado. Debemos tener en cuenta que la presencia de dolor en muchas patologías, favorece la inmovilización voluntaria del segmento afectado; esto conlleva un deterioro de la movilidad y por ende de la función determinando además la aparición de complicaciones a nivel musculoarticular. Se establece así un circulo vicioso dolor - inmovilidad, que se debe cortar desde los estadios precoces. Un recurso importante, que no debemos olvidar es la cinesiterapia bajo agua, forma particular de hidroterapia que se practica en tanques o piscinas, haciendo uso a la vez de las propiedades mecánicas y térmicas del agua, así como de los principios generales de la cinesiterapia.

Ortesis: Si bien hemos hablado del movimiento como base de la terapéutica, también debemos saber que existen entidades en las cuales la inmovilización de una articulación (reposo articular) o sector comprometido por medio de una ortesis debe ser indicada de forma adecuada, precisa y oportuna, para así evitar deformidades articulares, retracciones de partes blandas y aparición del dolor; todo lo cual conduce rápidamente a la pérdida de función. Una correcta prescripción, exige una exhaustiva valoración clínica, teniendo en cuenta los objetivos mecánicos y funcionales buscados. Es así que las hay de diferentes tipos: de posición, corrección, dinámicas. Son ejemplo de ortesis empleadas en el dolor osteoarticular crónico las férulas de posición en las tenosinovitis de puño, fajas lumbares o férulas de posición de puño y mano en el Síndrome tunelar carpiano.

La Tabla 9 recoge los niveles de evidencia del tratamiento de la artrosis.

La paciente ante la persistencia de dolores intensos que le afectaban con la vida activa normal, se procedió al aumento de la terapia antiálgida, con la administración de ibuprofeno 600 mg cada 6 horas y metamizol 575 mg intercalado, persistiendo los dolores. También se añadió carbonato cálcico y alendronato 70 mg semanalmente para tratar la fractura vertebral osteoporótica y se recomendó el abandono de los hábitos tóxicos y la realización de ejercicio y dieta rica en calcio.

Ante la persistencia de dolor se procedió a la pauta de parches de buprenorfina 70 cada 72 horas y se procedió a la derivación al traumatólogo para valoración de prótesis. Posteriormente se le colocó prótesis de cadera izquierda y tras rehabilitación adecuada, ha vuelto a realizar vida activa normal con ocasionales dolores en el lado derecho que controla con ibuprofeno a demanda.








 

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