Dilemas en patología osteoarticular Osteoporosis, ¿actuamos de acuerdo con la evidencia?


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Durante mucho tiempo el diagnóstico de la osteoporosis (OP) se ha basado en la presencia de fracturas. Sin embargo en la última década se ha generalizado el uso de la densitometría ósea que evalúa la densidad mineral del tejido óseo por cm2, siendo la técnica más utilizada en la actualidad la absorciometría radiológica de doble fotón (DEXA).

En 1994 la OMS publicó unos criterios para la clasificación de la OP basados en el resultado de la densitometría (Tabla 1), que han tenido gran difusión. Dichos criterios sirven para clasificar y no para diagnosticar o tratar, son arbitrarios y contemplan sólo uno de los factores de riesgo de osteoporosis.

Dicha clasificación ha provocado la actual confusión terminológica entre OP "densitométrica", que es únicamente un factor de riesgo de futuras fracturas, y OP como enfermedad clínica (osteoporosis establecida). Los autores pensamos que, a raíz de la modificación de los criterios diagnósticos de la OP por la OMS, se ha "medicalizado" en exceso la menopausia, que es un proceso fisiológico y cuyo tratamiento no siempre está justificado. Considerando los criterios de la OMS, en España el 17,2 por ciento de las mujeres entre 50 y 60 años serían osteoporóticas, aumentando esta cifra al 35,2 por ciento en el grupo de 60 a 70 años y a 52,5 por ciento en las mayores de 70 años. En la Tabla 2 se expone el porcentaje de OP densitométrica en mujeres españolas, según la localización de la medida.

Se han publicado estudios epidemiológicos que evalúan la importancia relativa de la DMO y de otros factores de riesgo y que muestran con claridad que son mucho más importantes los factores de riesgo no densitométricos que la DMO.
Analizando dichos estudios, la evidencia científica nos enseña que una densidad mineral ósea es tan sólo un factor de riesgo para predecir futuras fracturas, y no una enfermedad en sí misma. A lo largo de este monográfico contemplaremos con más detenimiento el valor predictivo positivo de la densidad mineral ósea en la aparición de fracturas.

Otro aspecto que relativiza la importancia de la densidad mineral ósea en la génesis de futuras fracturas, es el escaso papel que juega en las mujeres que han sufrido una fractura previa. Las mujeres con fractura previa, tienen un incremento en el riesgo de futuras fracturas, sobre todo en el año siguiente a producirse el evento (1 de cada 5 mujeres tendrá una fractura vertebral y 1 de cada 4 mujeres tendrá alguna fractura, a lo largo del siguiente año), y este riesgo es similar considerando o no la densidad mineral ósea.

Si se analizan los resultados en la reducción de fracturas de diferentes tratamientos y se comparan con la ganancia de densidad de masa ósea que se obtiene, se observa que el raloxifeno, con un incremento modesto de la DMO (con dosis de 30 y 60 mg incrementa la DMO en columna lumbar en un 2,6 y 2,7 por ciento y en cuello femoral en un 2,1 y 2,4 por ciento) produce una reducción de fracturas de 38 y 41 por ciento respectivamente. Otros potentes antirreabsortivos como el tratamiento hormonal sustitutorio, el alendronato y el etidronato incrementan la densidad mineral ósea en mayor cuantía (5,3-8,8 por ciento) con parecida repercusión en la reducción de fracturas (40-50 por ciento). Para muchos autores, sólo una pequeña fracción de la reducción de fracturas es debida al incremento de la densidad mineral ósea, debiéndose su efecto a la reducción del turnover acelerado del hueso. El incremento de la actividad osteoclástica puede repercutir en la producción de fracturas al producir alteraciones en la microarquitectura por pérdida de la conectividad trabecular. Esta acción sobre densidad mineral ósea y sobre la remodelación ósea podría explicar el diferente efecto de los tratamientos sobre las fracturas de cadera, teniendo el turnover del hueso menor importancia en el hueso cortical. Para Sarkar et al, la contribución del incremento de la DMO en la reducción de fracturas es del 4 por ciento para el raloxifeno, y Cummings et al estiman que es del 17 por ciento para el alendronato.

De esta manera el paradigma que venía funcionando en los últimos años magnificando la importancia de la densidad mineral ósea en el riesgo de fracturas se está modificando. En la calidad del hueso influyen aspectos relacionados con su geometría, microarquitectura, trabeculación, conectividad y, como un factor más, la masa ósea. El remodelado óseo con ese equilibrio entre formación y resorción del hueso parece cobrar un especial realce, y el objetivo terapéutico puede que no se centre tanto en bloquear la resorción del hueso, sino en conseguir un remodelado óseo adecuado.

A pesar del papel relativo que la densidad mineral ósea tiene en el riesgo potencial de fracturas, persiste el debate sobre la idoneidad del cribado poblacional. Existe un divorcio entre las recomendaciones de algunas sociedades científicas y los informes de las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias. La aplicación de la densitometría en poblaciones donde la prevalencia de fracturas es mínima, por ejemplo, en población menor de 65 años, resulta muy poco eficiente dado el escaso valor predictivo positivo. El número de pacientes que se deberían tratar (NNT) para evitar un evento aumenta llamativamente en este escenario de bajo riesgo de fracturas, por lo que en general, en base a la evidencia científica, el cribado densitométrico en mujeres climatéricas o por debajo de 65 años, no se aconseja, aunque mediáticamente se recomiende.

La U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) en un reciente informe desaconseja la realización de cribado en población general por debajo de 60-65 años, teniendo en cuenta los altísimos NNT y NNS (número de pacientes que habría que cribar para evitar un evento) en mujeres por debajo de una edad, y por ende, con bajo riesgo de fracturas.
En relación con la eficacia de los tratamientos disponibles, en mujeres con fracturas vertebrales, hay estudios prospectivos aleatorizados, controlados, con todos los fármacos disponibles (estrógenos, etidronato, alendronato, risedronato, raloxifeno y calcitonina) que muestran eficacia en la disminución de fracturas vertebrales.

En mujeres con osteoporosis densitométrica y sin fracturas vertebrales, existen estudios con raloxifeno y alendronato que demuestran su eficacia (T. Score < -2,5 DS), y con un probable escaso beneficio por debajo de 65 años. En un estudio previo con alendronato incluyendo mujeres con o sin fracturas vertebrales y con DMO baja se observó que en el grupo de mujeres menores de 65 años no había eficacia significativa en fracturas. No se han vuelto a publicar estudios que ofrezcan este tipo de datos por edades. Ningún ensayo clínico ha estudiado expresamente la eficacia sobre fracturas, tras realizar una intervención farmacológica por criterio densitométrico, en mujeres menores de 65 años.
En mujeres sanas, disponemos de los resultados del ensayo clínico aleatorizado Women Health Initiative (WHI) en población general de mujeres sanas (sin antecedentes de fracturas) sometidas a tratamiento con tratamiento hormonal. La asociación de estrógenos y progesterona y los estrógenos solos redujeron significativamente la totalidad de las fracturas, incluidas las de cadera. Sin embargo los efectos secundarios que provoca (incremento del riesgo de complicaciones cardiovasculares y de cáncer de mama) lo convierten en una alternativa de segunda elección ya que el riesgo pesa más que el beneficio sobre el hueso.

En cuanto a fracturas de cadera solo se han conseguido resultados positivos en cuatro estudios:

o Con calcio y vitamina D en ancianos institucionalizados (Chapuy et al) donde se obtuvo una reducción del 50 por ciento.
o Con alendronato fue preciso tratar a 90 mujeres con densitometría baja y aplastamientos vertebrales durante 3 años para evitar una fractura de cadera.
o El risedronato demostró disminuir la incidencia en mujeres entre 70 y 80 años con densitometría de cadera < -3DS, con o sin fracturas vertebrales (en el análisis de subgrupos esta eficacia sólo se observa en las mujeres que además tienen previamente aplastamientos vertebrales).
o Con calcio y vitamina D existe otro estudio que demuestra reducción de fracturas periféricas, pero no de cadera (Dawson-Hughes et al). Sin embargo, los resultados de dos ensayos clínicos recientemente publicados no avalan la eficacia del tratamiento con calcio y vitamina D, ni en prevención primaria ni en prevención secundaria.
o Por último, en el estudio WHI se ha demostrado la eficacia del tratamiento con terapia hormonal en la reducción de fracturas de cadera.

En los últimos años se ha incorporado a nuestro arsenal terapéutico la teriparatida y el estroncio, cuya eficacia será evaluada al final de este monográfico.








 

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