Dilemas en patología osteoarticular Osteoporosis, ¿actuamos de acuerdo con la evidencia?


CASO CLÍNICO: ACERCA DEL CRIBADO POBLACIONAL

Mujer de 52 años que acude a la consulta por presentar molestias en columna lumbar de carácter mecánico, relacionadas con la movilización, no irradiadas, que le permiten dormir. La mujer, solicita la realización de densitometría a raíz de haber leído una propaganda comercial que indicaba la idoneidad de esta técnica

Aunque la Sociedad Española de Reumatología, en consonancia con las recomendaciones de la NOF (Nacional Osteoporosis Foundation), argumenta que no hay motivo para negarle una densitometría a una mujer que lo solicita, el planteamiento se aleja de lo que podríamos denominar como buena práctica clínica basada en la evidencia científica. Sin entrar en las razones por las que la osteoporosis en mujeres de 50 años se ha erigido en uno de los principales motivos de preocupación de la mujeres climatéricas, vamos a intentar desgranar el problema desde la metodología científica, y no desde el ruido de los mensajes mediáticos, no exentos de intereses comerciales.

¿QUÉ ES LO QUE QUEREMOS EVITAR?

El problema de salud que queremos prevenir, las fracturas, se produce en mujeres en edades muy superiores a las del caso clínico. La fractura de cadera es la que produce una mayor morbimortalidad y la edad media en la que se produce es de 80 años. Las consecuencias de la fractura de fémur son muy importantes, alrededor del 30 por ciento mueren en el primer año, y más de un tercio de los supervivientes quedan imposibilitados para hacer vida independiente. En las mujeres españolas la tasa de incidencia anual media por 100.000 es de 300, aumentando marcadamente con la edad: frente a 175 por 100.000 en mujeres entre 60 y 75 años, 1.135 por 100.000 en mujeres mayores de 74 años.
La fractura de vertebral tiene una menor repercusión en la salud de la mujer (tan sólo un tercio de ellas producen síntomas) y su edad de aparición es a partir de los 65 años.

Si el problema de salud que se quiere prevenir es la fractura, está claro que la población diana debe ser mujeres mayores de 65 años. Si consideramos la pérdida de masa ósea como una enfermedad, el enfoque sería radicalmente diferente, ¿qué podemos argumentar sobre esta cuestión?

Un debate que se está planteando en los últimos años es la indicación del screening de osteoporosis, aspecto este que vamos a analizar con detalle.

En el caso que nos ocupa hay que recordar que los dolores que presentan las mujeres en esta época de la vida, son secundarios a sobrecarga mecánica y no a la desmineralización del hueso. La osteoporosis es un proceso silente que origina dolor agudo en caso de fracturas, o dolor crónico secundario a deformidades. La causa de las algias de esta mujer están probablemente más relacionadas con el aparato músculo ligamentoso (fibromialgia o lumbalgia por sobrecarga funcional) que a una masa ósea disminuida (osteoporosis). En cualquier caso si la sospecha clínica es la de fractura vertebral, la exploración idónea es la radiografía de columna, y nunca una densitometría. Si sospechamos una lumbalgia mecánica, ni siquiera está indicada la radiografía de inicio. La realización de la misma se supeditará a que el cuadro no mejore con tratamiento analgésico adecuado.


LA IMPorTANCIA DE LA DENSIDAD MINERAL ÓSEA EN LA APARICIÓN
DE FRACTURAS

La primera cuestión a debatir sería la capacidad predictiva de la disminución de la densidad mineral ósea para predecir futuras fracturas, ¿es la densidad mineral ósea el factor determinante de una fractura osteoporótica?, ¿estamos de acuerdo en la utilización del criterio de clasificación densitométrica de la OMS como el criterio diagnóstico de la enfermedad osteoporótica?

Como ya se ha comentado en la introducción, existen estudios epidemiológicos que muestran con claridad que son mucho más importantes los factores de riesgo no densitométricos que la DMO (Figura 1).

De hecho, en las mujeres con DMO baja que tienen pocos factores de riesgo, el riesgo de fractura es menor que en aquellas con más factores de riesgo y densitometría normal. Aplicando solamente el criterio densitométrico, vemos que la prueba es poco sensible ya que produciría muchos falsos negativos pues habría muchas fracturas en personas con densidad mineral ósea normal, pero con factores de riesgo. Igualmente sería poco específica, dando un porcentaje importante de falsos positivos en personas con densidad mineral ósea disminuida pero sin factores de riesgo, y con escasa incidencia de fracturas. Entre los factores de riesgo de fracturas analizados se encuentran aquellos que tienen que ver con la disminución de la masa ósea, con alteraciones de la microarquitecturas o de la geometría del hueso y aquellos que tienen que ver con el riesgo de caídas.

La relación entre DMO y fracturas aumenta con la edad, siendo muy pobre en edades inferiores a los 65 años. Las fracturas tienen un origen multifactorial, así, además de los factores de riesgo relacionados con la disminución de masa ósea, hay otros relacionados con la predisposición a sufrir caídas (alteraciones visuales, consumo de fármacos psicotropos,...) y son igualmente importantes los factores familiares. La DMO es sólo uno de los factores de riesgo esqueléticos. Todo ello relativiza aún más el papel predictor de fracturas de la densitometría.

Analizando modelos matemáticos que predicen el riesgo de fracturas en los próximos 5 años, se ve que una paciente con la misma densidad mineral ósea, puede tener un riesgo hasta 40 veces mayor en función de la edad y de otras variables de riesgo de fractura.

VALOR PREDICTIVO DE LA DMO EN LA APARICIÓN DE FRACTURAS: VALIDEZ DE LA DENSITOMETRÍA

Se ha demostrado que los resultados de la densitometría se relacionan con la probabilidad de sufrir fracturas. Una DMO en la columna lumbar inferior a -1 desviación estandar (DS) respecto a la media para la edad correspondiente, implica un riesgo relativo (RR) de fractura de 2,3 (IC 95 por ciento: 1,9 - 2,8), y la misma diferencia respecto a la media en la cadera se asocia a un RR de 2,6 (2-3,5).

El riesgo relativo nos dice cuantas veces es más probable padecer la enfermedad en el grupo expuesto (en este caso pacientes con menor densidad mineral ósea) que en el grupo no expuesto. La falacia es que este dato es incompleto si no sabemos de qué riesgo total estamos hablando. Que el riesgo aumente 2,6 veces puede tener o no trascendencia en función de la prevalencia de la enfermedad, disminuir a la mitad una enfermedad de alta prevalencia tiene mayor impacto en salud que disminuir en 20 veces una enfermedad de bajísima prevalencia.

En la Figura 2 se representan los riesgos absolutos de fractura en función de la edad y la densidad mineral ósea. A pesar de que la disminución de la DMO tiene una influencia similar, en términos relativos, a cualquier edad, sin embargo el riesgo absoluto de fractura, al depender de la prevalencia de la enfermedad, apenas se modifica en edades inferiores a 65 años, por mucho que disminuya la densidad mineral ósea, y sí tiene trascendencia a partir de los 65 años. En edades menores de 65 años la pendiente de la recta se modifica poco (multiplicamos por "n" veces un riesgo prácticamente despreciable), mientras que aumenta a partir de los 65, edad en la que la prevelancia es alta.

La densitometría ofrece una pobre sensibilidad (en torno al 40 por ciento) lo que limita su utilidad como herramienta de cribado. Su especificidad es del 85 por ciento lo que nos habla de un número no desdeñable de mujeres con falsos positivos que realizarían tratamientos, con la consiguiente yatrogenia, sin que dichos tratamientos estén justificados, El parámetro más importante para el clínico a la hora de establecer la indicación o no de un tratamiento es el valor predictivo positivo que nos responde a la siguiente pregunta: ¿Cuál es la probabilidad de, teniendo una baja DMO, sufrir una fractura en los próximos 10 años? El valor predictivo positivo depende de la prevalencia de la enfermedad, lo que hace que disminuya drásticamente si el test se aplica a población de muy bajo riesgo. Planteando la aplicación de la densitometría en una población de bajo riesgo (prevalencia de fracturas de 3 por ciento que equivale a la presencia de 2 factores de riesgo de fracturas en mujeres mayores de 65 años) o de alto riesgo (prevalencia de fracturas del 30 por ciento que equivale a la presencia de 5 factores de riesgo de fracturas en mujeres mayores de 65 años) se ve que el valor predictivo positivo pasa de un 8 por ciento en mujeres de bajo riesgo, a un 75 por ciento en mujeres de alto riesgo (Tabla 3).

De todo lo dicho se deduce que la aplicación de la densitometría en poblaciones de bajo riesgo resulta muy poco eficiente dado el escaso valor predictivo positivo. El número de pacientes que se deberían tratar (NNT) para evitar un evento aumenta llamativamente en este escenario de bajo riesgo de fracturas. Mientras que el riesgo relativo no contempla la prevalencia de la enfermedad (incidencia de expuestos dividido por la incidencia de no expuestos), el riesgo absoluto si depende de la prevalencia de la enfermedad (incidencia de expuestos menos la incidencia en no expuestos). El NNT se construye con el riesgo absoluto (el inverso del riesgo absoluto multiplicado por 100), por lo que es un parámetro que se modifica ostensiblemente dependiendo de la incidencia de fracturas en la población analizada.

Otro aspecto a considerar es que los datos procedentes de los ensayos clínicos con los que se calculan los NNT, proceden en su mayoría de poblaciones anglosajonas y del norte de Europa, donde la prevalencia de fracturas es mucho mayor que la nuestra (Tabla 4).

La U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) en su informe del año 2002, sigue desaconsejando el cribado en población de edad inferior a los 60 años, pero sin embargo sí lo recomienda (fuerza de la recomendación B) a partir de los 65 años. En cuanto a las mujeres entre 60 y 64 años la recomendación es muy imprecisa; podría estar indicado "si la mujer presenta factores de riesgo" aunque expresamente se menciona que dichos factores son difíciles de especificar con la información disponible. La periodicidad aconsejada sería de al menos cada 2 años en población mayor de 65 años. En población más joven podría plantearse cada 5 años. Estas recomendaciones las hace teniendo en cuenta los altísimo NNT y NNS (número de pacientes que habría que cribar para evitar un evento) en mujeres por debajo de una edad, y por ende, con bajo riesgo de fracturas (Tabla 5). En España, la edad de indicación de cribado podría ser superior teniendo en cuenta la menor incidencia de fracturas en nuestro país, y la consideración de que la estimación que hacen de la posible adherencia al tratamiento (70 por ciento), parece muy alta.

La densitometría presenta otros problemas en su aplicación práctica derivados de la variabilidad en las mediciones de los diferentes densitómetros. Diferentes marcas de densitómetros tipo DEXA aplicados a la misma población presentan una variabilidad del 6 al 15 por ciento en el diagnóstico de osteoporosis. La precisión es aproximadamente de un ±1 por ciento en medidas anteriores y de ± 2-3 por ciento en medidas laterales, en vértebras lumbares, y del orden del ± 1,5 por ciento en cabeza femoral. Esta variación hace que diferencias entre 3-5 por ciento de densidad mineral ósea estén dentro del rango de error del propio aparato. En el caso de los ultrasonidos, la precisión es de ± 2,5 por ciento.
El patrón oro lo constituye la densitometría tipo DXA sobre la región proximal del fémur. La determinación que habría que tener en cuenta es la del cuello (neck en los informes de densitometría). La medición de DMO en la columna lumbar se correlaciona igualmente con el riesgo de fracturas, pero son frecuentes los artefactos por distintas causas (obesidad, artrosis,...). La determinación que hay que tener en cuenta es la media entre L2-L4. La mejor capacidad predictiva se produce cuando la evaluación de la masa ósea se realiza en el sector anatómico donde se evalúa el riesgo de fractura, lo que limita la utilidad de las determinaciones periféricas. La accuDEXA (densitometría en falanges) carece de estudios para valorar el valor predictivo de la determinación.

El porcentaje de mujeres diagnosticadas de osteoporosis en una misma población oscila entre el 6 por ciento si se utiliza DEXA en cadera, 14 por ciento con DEXA en columna lumbar, 3 por ciento con los ultrasonidos y 50 por ciento con la tomografía. Estos diferentes tipos de medida identifican diferentes grupos de pacientes.

También existe una amplia variabilidad según el lugar donde se realiza la medición, y no siempre existe correlación entre ellos. La técnica no esta exenta de artefactos como es el hecho de que calcificaciones no esqueléticas (por ejemplo en la aorta) o neoformación ósea, como se produce en los procesos degenerativos con la formación de osteofitos, pueden dar una mayor masa ósea. Más aún, las mediciones en un mismo sujeto en la misma localización ósea y con el mismo aparato, también varían ±0,5 DS en torno a la media (error de exactitud) y pueden presentar un error de precisión del 2 por ciento.

Los ultrasonidos se han propuesto como una alternativa barata y asequible a la DXA, para el diagnostico y/o cribado de OP. El calcáneo ha sido la localización más utilizada para la exploración con los ultrasonidos, ya que tiene una composición porosa o trabecular en un 95 por ciento y también gracias a su morfología, pues se trata de un hueso plano y simétrico, de fácil acceso y que permite la localización precisa y exacta del transductor en medidas repetidas. Hay medidas en el mercado que se aplican a otras localizaciones como la tibia, las falanges, etc. Cada modelo y localización permite obtener unos parámetros determinados, con una precisión determinada y las cifras de normalidad de los parámetros medidos son diferentes para cada modelo, incluso para aquellos que se aplican en el mismo hueso. Estos hechos suponen la existencia de una gran variabilidad de equipos, técnicas y parámetros, a menudo no directamente comparables, que implican la necesidad de conocer la utilidad clínica de cada uno de los diferentes equipos de ultrasonidos.

Presentan, además, importantes limitaciones. Sólo se ha demostrado su asociación con el riesgo de fractura a partir de los 65-70 años, y no en todos los estudios. Además, si bien los coeficientes de correlación del ultrasonido con la densitometría tipo DXA se sitúan en el límite (0,66-0,8), al comparar diferentes zonas anatómicas dichos coeficientes son muy bajos (0,3-0,6). Por otra parte, los estudios de intervención sobre prevención de fracturas en función de la DMO, utilizan exclusivamente la densitometría tipo DEXA de columna lumbar y/o fémur proximal. Este hecho cuestiona claramente la utilización de otros métodos como ultrasonidos o DEXA en el dedo (accuDEXA), ya que se desconoce su implicación terapéutica.

Los puntos de corte para el riesgo de fracturas con ultrasonidos son diferentes a los de la DXA: un T-score de -2,5 DS con DXA equivale a un T-score entre -1,5 y 1,8 DS con ultrasonidos. La guía de práctica clínica de la menopausia y postmenopausia del Centro Cochrane Iberoamericano concluye que los ultrasonidos de talón no están indicados actualmente para el diagnóstico, tratamiento ni seguimiento de la osteoporosis, con un grado de recomendación B. La evidencia disponible indica que el uso de ultrasonidos como técnica de precribado previa a la DEXA no sería adecuado.
La baja sensibilidad de la densitometría (40 por ciento) para cualquier nivel de riesgo hace inaceptable su aplicación como método de cribado. Además su escaso valor predictivo positivo de fracturas invalida su aplicación como criterio único para tomar decisiones respecto a una intervención terapéutica o preventiva. Podría resultar aceptable aplicarla conjuntamente con otros factores de riesgo, pero siempre a partir de una determinada edad. En la Tabla 6 se indica la probabilidad de tener una fractura en diferentes localizaciones en función de los resultados de la densitometría, según estudios realizados en Malmo (Suecia). En España la prevalencia es todavía menor.

Ni la British Columbia Office of Health Technology Assesment, ni la Swedish Council on Assesment in Health Care, ni el Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de Salud de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (PAPPS) recomiendan el cribado sistemático ni oportunista de la osteoporosis mediante densitometría, dada su escasa rentabilidad.


OTRAS ESTRATEGIAS
DE CRIBADO

Utilidad de los marcadores bioquímicos de remodelación ósea

Entre los marcadores bioquímicos de formación se encuentra la fosfatasa alcalina, procolágeno I-carboxiterminal propeptido (PICP) y la osteocalcina. Entre los marcadores de resorción están el colágeno tipo I carboxiterminal telopéptido (ICTP), así como la piridolina y desoxipiridolina en orina.

Se ha descrito que el aumento de los marcadores de resorción es un factor de riesgo de fracturas vertebrales y periféricas en mujeres post-menopáusicas, pero la amplia variabilidad individual de sus valores, las invalida como prueba de cribado. Dicha variabilidad obedece a múltiples factores tales como edad, sexo, raza, determinadas enfermedades y medicamentos, dieta, ejercicio físico, estación del año y momento del día. Se ha estimado que el número de muestras necesarias para determinar el valor medio verdadero es de 5 para la fostatasa alcalina, 6 para la osteocalcina, 16 y 23 para la piridinolina y desoxipiridolina urinarias respectivamente (expresadas por excreción de creatinina en muestras matutinas) y hasta más de 200 para la excreción urinaria de calcio. Actualmente, ningún marcador ni grupo de marcadordes identifica adecuadamente a las mujeres que según la densitometría presentan una DMO baja, y la concordancia entre ambas pruebas es muy baja. Estos marcadores bioquímicos no pueden ser utilizados para el diagnóstico de osteoporosis.

La determinación de calcio y fósforo no son útiles en el diagnóstico de la osteoporosis, ya que en este proceso no se alteran.


Utilidad de la radiología

Tanto la sensibilidad como la especificidad de la radiología para detectar osteopenia/osteoporosis son bajas, y depende mucho de factores técnicos (distancia focal, kilovoltaje, tiempo de exposición...) y de la grasa circundante.
La radiología tiene utilidad en la OP clínica pues permite apreciar acuñamientos, aplastamientos y biconcavidades, no siendo útil para detectar reducción de masa ósea.








 

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