Dilemas
en patología osteoarticular Osteoporosis, ¿actuamos de acuerdo con la evidencia?
CASO CLÍNICO:
UTILIDAD DE LA VALORACIÓN DE LOS FACTORES DE RIESGO DE OSTEOPOROSIS
Se
realiza anamnesis por órganos y aparatos evaluando tanto antecedentes personales
como familiares. Se trata de una mujer de 52 años, fumadora de 5 cigarrillos/día,
no hipertensa ni diabética conocida. GAV: 3/0/3. Menopausia a los 44 años
en tratamiento con terapia hormonal sustitutiva hasta hace 2 años.
Exploración:
peso: 77 kilos, Talla: 1,68 m, IMC: 37,3.Tensión arterial: 135/78 mm Hg.
Columna: movilidad completa con dolor a la extensión, sin dolor a la palpación.
Lassegue negativo. No irradiación. Maniobras sacroiliacas negativas.
Antecedentes
familiares: padre muerto por infarto agudo de miocardio a los 79 años.
Madre con fractura de cadera a los 87 años.
Diferentes sociedades
científicas plantean el cribado de OP en mujeres con factores de riesgo.
Algunos factores de riesgo tan sólo se asocian a la OP en ciertos estudios
(alcohol, tabaco, cafeína, ingestión deficiente de calcio y vitamina
D...). La mayoría de los estudios que han evaluado los factores de riesgo
predictores de una DMO baja, pérdida de masa ósea o fracturas, se
han realizado en mujeres mayores de 60-65 años (postmenopasia tardía),
siendo esto una limitación a la hora de evaluar los factores de riesgo
en el grupo de mujeres más jóvenes (50-65 años). Se han elaborado
escalas para predecir DMO baja, en función de varios factores asociados:
SCORE, ORAI, (recomendadas por la "Canadian Task Force"), ABONE, guías
de la "National Osteoporosis Foundation"-NOF. De todas ellas las más
válidas son SCORE (sensibilidad 99,6 por ciento, especificidad 17,9 por
ciento; ROC=0,8) y ORAI (sensibilidad 97,5 por ciento; especificidad 27,8 por
ciento; ROC 0,79), si bien no están validadas para población española
y posiblemente no sean aplicables por el excesivo peso que se da en ellas a la
raza caucásica como factor de riesgo. Además como procedimientos
de selección de las mujeres a las que debería realizarse una densitometría,
su utilidad queda limitada por el hecho de que tan sólo identifican otro
factor de riesgo: la disminución de la masa ósea. En este sentido,
en nuestro entorno destaca el estudio de Díez et al, que encontró
como predictores independientes de densidad mineral ósea disminuida, los
siguientes: edad >51 años, peso <70 Kg, años de vida fértil
<32 y número de hijos mayor de 2 (con dos factores positivos la sensibilidad
es del 62,7 por ciento, la especificidad del 70 por ciento y el valor predictivo
positivo del 79,9 por ciento).
En el estudio NORA (el mayor estudio de
seguimiento de postmenopáusicas en EEUU), los factores de riesgo asociados
a fracturas fueron: edad, historia personal o familiar de fracturas, tabaquismo,
procedencia asiática o hispánica y uso de corticoides. Entre los
factores protectores estaban: índice de masa corporal más alto,
procedencia africana, utilización de estrógenos o diuréticos
tiazídicos, ejercicio y consumo de alcohol.
En 1998 la NOF estableció
los 5 factores predictores de fracturas más potentes: DMO baja, fractura
previa después de los 40 años, antecedentes familiar de fractura
con trauma leve después de los 50 años, bajo peso (delgadez) y tabaquismo
(Recomendación grado B: análisis de estudios observacionales).
En
el "Melton Osteoporotic Fracture (MOF) Study se siguió durante 5 años
una cohorte de mujeres ancianas. Los factores predictores independientes de fracturas
a los 3 años fueron: bajo peso, cifosis, mala circulación en los
pies, epilepsia, esteroides en cortos periodos de tratamiento y dificultad para
girarse.
En relación con los factores de riesgo para fracturas
vertebrales, pueden ser de utilidad los datos del estudio EPOS (European Prospective
Osteoporosis Study), en el que analizan, mediante radiografía vertebral
al inicio del estudio y a los 3,8 años, la incidencia de fracturas vertebrales
en 3.173 hombres y 3.402 mujeres. Las variables que en esta población se
hallan relacionadas con el aumento de fracturas son: la edad de la menarquia (por
encima de 16 años existe un RR=1,80; 95 por ciento CI 1,24-2,63), el uso
de TH como factor protector (RR= 0,58; 95 por ciento CI 0,34-0,99), que no el
de píldoras contraceptivas. El IMC bajo también se correlacionó
con un aumento de fracturas vertebrales. No se ha encontrado relación con
el ejercicio físico, relación que sí existe con las fracturas
de cadera, probablemente porque estas se relacionan no sólo con la masa
ósea, sino con el riesgo de caídas. Tampoco se ha encontrado relación
con otras variables relacionadas con los estilos de vida, como son el consumo
de leche, la ingesta de alcohol o el tabaquismo.
Como resultado del análisis
de las cohortes de mujeres del estudio SOF (9.704 mujeres-) y del estudio EPIDOS
(7.575 mujeres), se ha elaborado un índice para estimar el riesgo de presentar
una fractura en los próximos 10 años. Los factores de riesgo analizados
son: edad, DMO, fractura después de los 50 años, antecedentes de
fractura de cadera en la madre, peso inferior a 57 kg, tabaquismo y necesidad
de apoyar los brazos en la silla para levantarse.
En el caso que nos ocupa,
nuestra paciente presenta dos factores de riesgo de los habitualmente reconocidos:
tabaquismo y antecedentes en familiares de primer grado de fractura de cadera.
El problema estriba en que estos factores de riesgo pueden tener trascendencia
en edades superiores, pero no implican un aumento relevante del riesgo de fractura
en los próximos años a esta edad.
Los antecedentes familiares
tienen una asociación consistente con el riesgo de padecer una fractura
y así se destaca en la mayoría de guías de práctica
clínica, si bien su papel en mujeres menores de 60-65 años como
predictor de fracturas en los próximos 10 años, parece ser escaso.
Por otro lado, algunas sociedades científicas reconocen los antecedentes
familiares como factor de riesgo, pero cuando la fractura acontece antes de los
75 años (Nacional Institute of Clinical Excelence).
También
los factores de riesgo tienen diferente calibración, según para
qué fracturas: alto BMI y tabaco es factor de riesgo para fracturas de
tobillo pero no contribuye significativamente a las fracturas de antebrazo, donde
sí tienen importancia el bajo BMI y la menopausia precoz.
En relación
con la menopausia precoz, los datos son controvertidos. Existen estudios que no
encuentran relación, si bien hay estudios que sí la relacionan con
el riesgo de fracturas. El estudio realizado por der Voort et al et al, evidencia
que la menopausia precoz es un factor de riesgo de fracturas, pero en mujeres
mayores de 70 años. Tanto en la guía de la Cochrane como en la de
la NICE, se contempla la menopausia precoz como factor de riesgo.
En cualquier
caso se reconoce que la menopausia precoz pudiera ser un factor de riesgo cuando
no se ha realizado terapia hormonal sustitutiva, situación que no es el
caso de nuestra paciente (entre otras cosas porque los autores no se ponen de
acuerdo a la hora de considerar la menopausia precoz, que se cifra en menopausia
anterior a los 40 ó 45 años).
Ante semejante aluvión
de información, lo prudente es volver a las consideraciones que hacíamos
antes sobre el escaso valor predictivo que tiene la densidad mineral ósea
en edades de baja prevalencia de fracturas, como es el caso de las mujeres menores
de 65 años. Los autores pensamos que, en consonancia con las recomendaciones
de la USPSTF, el cribado poblacional u oportunístico ya sea a demanda de
la mujer o por iniciativa del médico, en función de los factores
de riesgo, por debajo de los 65 años no tiene justificación salvo
en los casos que existan enfermedades osteopenizantes: menopausia antes de los
40 años sin tratamiento con estrógenos, trastorno nutricional grave,
hiperparatiroidismo primario, deficiencia de vitamina D, hipertiroidismo, y tratamiento
con corticoides. Se reconoce que el tratamiento con corticoides (> 6 mg/ 24-48
horas de prednisona vía oral o equivalentes durantes 6 meses o más)
pueden producir alteración de la masa ósea. Los corticoides inhalados
pueden disminuir la DMO si se administran a dosis superiores a 1.200, 1.000 y
750 mcg de beclometasona, budesonida y fluticasona respectivamente. Otros fármacos
que pueden disminuir la densidad mineral ósea son los anticonvulsionantes
(valproato sódico y fenitoína), metrotrexato, diuréticos
del asa (productores de calciuria) y litio. Las amenorreas son causa de disminución
de la masa ósea, cuando son hipotalámicas (anorexia nerviosa), pero
no cuando la causa es ovárica (síndrome del ovario poliquístico).
Otro aspecto importante a considerar es que el principal factor de riesgo
para padecer nuevas fracturas es tener fracturas previas. El riesgo de tener una
nueva fractura es de 2,6 (1,4-4,9) si se tiene una fractura previa, 5,1 (3,1-8,4)
si se tiene una ó más fracturas, y 7,3 (4,4-12,3) si se tiene 2
ó más fracturas.
La Sociedad Española de Medicina
Familiar y Comunitaria, junto con la Sociedad Española de Ginecología
y Obstetricia, la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia
y el Centro Cochrane Iberoamericano han diseñado una guía clínica
que dar respuesta a las incertidumbres que existen sobre este tema. En concordancia
con las recomendaciones de la U.S. Preventive Services Task Force, se plantea
la aplicación de tecnologías diagnósticas o terapéuticas
a partir de determinadas edades en las que existe una mínima incidencia
de fracturas. Analizando los datos epidemiológicos, el punto de corte que
en la guía de la USPSTF se ha situado en 65 años, en muestro medio
con una menor incidencia de fracturas seguramente se debería hacer en edades
superiores. En la siguiente Tabla 7 se aprecia la incidencia de fracturas en función
de la edad de la paciente, el tipo de población (alto o bajo riesgo de
fractura) y el riesgo relativo. La guía asume que la intervención
(realización de densitometría y dependiendo de su resultado, intervención
farmacológica) puede ser eficiente cuando el riesgo absoluto de tener una
fractura de cadera en los próximos 10 años es mayor del 5 por ciento.
En España ese riesgo se daría en edades superiores a 70 años
y con un riesgo relativo de 2. Dado que no existe una cuantificación de
riesgos relativos en función de la suma de factores de riesgo, por consenso
entre los autores y para simplificar los cálculos se decidió que
el punto de corte fuesen 2 factores de riesgo en mujeres mayores de 70 años.
Los factores de riesgo incluidos son los derivados de la escala de predicción
de fractura antes referida:
antecedentes de fractura de cadera en la madre,
peso inferior a 57 kg, tabaquismo y necesidad de apoyar los brazos en la silla
para levantarse. Las recomendaciones de la guía Cochrane, que ha hecho
suyas el PAPPS, son las siguientes: el cribado no está indicado en mujeres
menores de 60 años, salvo en enfermedades osteopenizantes; estaría
indicado entre 60-69 años, si hay 3 ó mas factores de riesgo; indicado
en mujeres mayores de 70 años si existen 2 ó más factores
de riesgo. De esta manera, en el caso que nos ocupa no está indicada la
realización de densitometría.
Un aspecto importante que hay
que tener en cuenta a la hora de evaluar los factores de riesgo, sobre todo en
población anciana, es el riesgo de caídas. Por encima de la densidad
mineral ósea, la primera causa de fracturas en las ancianas son las caídas.
En personas mayores de 65 años de edad, la incidencia anual de caídas
se cifra en un 30 por ciento, y aunque tan sólo el 5 por ciento de las
mismas producen fracturas, la identificación de la población de
riesgo de caídas debe ser un objetivo prioritario. Para prevenir las caídas
se recomienda realizar actividad física y deambulación, corregir,
en la medida de lo posible, las deficiencias sensoriales (auditivas y visuales)
evitar el uso de benzodiacepinas (sobre todo las de vida media larga), ajustar
la dosis de los tratamientos antihipertensivos y evitar factores medioambientales
que propicien las caídas (suelos y alfombras resbaladizas, mala iluminación,
calzado inadecuado,
).
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