Abordaje de los problemas de salud mental:
Trastornos somatomorfos en Atención Primaria

 

DIAGNóSTICO


El diagnóstico de estos trastornos nos lo planteamos ante unos síntomas físicos, que sugieren una enfermedad médica y que no son explicados totalmente por la enfermedad médica. En ocasiones no existe dicha enfermedad y en otras aunque existe, no explica totalmente los síntomas del paciente (Figura 1).

El diagnóstico inicial hay que hacerlo siempre descartando enfermedades médicas, las cuales se suelen hacer evidentes después de una historia médica detallada, las exploraciones físicas y las pruebas complementarias adecuadas incluyendo las interconsultas necesarias. Hay algunas enfermedades por ej. esclerosis múltiple, lupus eritematoso, neoplasias ocultas, sífilis del SNC, hiperparatiroidismo, hipertiroidismo, miastenia gravis, porfiria aguda intermitente, que pueden provocar síntomas confusos inicialmente pero que hay que tener en cuenta. Son poco frecuentes y explican una muy pequeña parte de los pacientes con síntomas de somatización.

El siguiente paso diagnóstico es descartar el consumo de sustancias o el consumo de fármacos. Aquí se suele tener en cuenta sobre todo si existe una relación entre el inicio del tratamiento de un fármaco o el aumento de la dosis y la aparición de los síntomas.

Posteriormente nos debemos plantear si forman parte de otro trastorno mental, sobre todo del estado de ánimo y de ansiedad. Éstas son situaciones muy frecuentes en Atención Primaria y pueden explicar más de la mitad de los casos de síntomas que una enfermedad médica no puede explicar o ante la existencia de múltiples síntomas físicos.

Vamos a dar unas nociones sencillas de los trastornos más frecuentes dentro de los trastornos por somatización para poder hacer así una adecuada orientación.

TRASTORNO
POR SOMATIZACIÓN

Es el mejor estudiado dentro de este grupo, teniendo entidad propia reconocida. Se inicia antes de los 30 años y es de 9 a 10 veces más frecuente en la mujer.

Tiene una prevalencia variable según los estudios desde un 0,2 por ciento a un 2 por ciento en mujeres y menos de un 0,2 por ciento en hombres.

La presentación es bastante típica, ya que acuden a nuestras consultas con un gran énfasis en síntomas heterogéneos más que en signos, muy preocupadas por su salud y demandando pruebas complementarias, son utilizadoras habituales de los servicios de salud y con dificultades en sus relaciones familiares y sociales.

En la actualidad, se considera que el núcleo clínico de este trastorno no es el número de molestias físicas, sino el hecho de que afecten a múltiples órganos. Por eso, en el DSM-IV-TR, se exige la presencia de los siguientes criterios:

A. Historia de múltiples síntomas físicos, que se inician antes de los 30 años, persiste durante varios años y obliga a la búsqueda de ayuda médica o provoca un deterioro importante social, laboral o de otras áreas del individuo.

B. Deben cumplirse todos los criterios que siguen y cada síntoma puede aparecer en cualquier momento de la evolución:

1. Cuatro síntomas dolorosos: encontramos una historia de dolor relacionada con al menos cuatro zonas o cuatro funciones del cuerpo, Ej. cefalea, lumbalgia, dolor torácico, artralgias, extremidades, dolor durante la menstruación, el acto sexual o la micción.

2. Dos síntomas gastrointestinales diferentes del dolor, Ej. diarreas, náuseas, distensión abdominal, etc...

3. Un síntoma sexual diferente del dolor, Ej. síntomas menstruales, indiferencia sexual, vómitos durante el embarazo, etc...

4. Un síntoma pseudo neurológico diferente del dolor, Ej. parestesias, hipoestesias, diplopía, vértigos, sordera, etc...

C. Cualquiera de los dos siguientes:

1. Los síntomas no se pueden explicar por la presencia de una enfermedad física o por los efectos directos de una sustancia (drogas o fármacos).

2. Si hay una enfermedad médica la incapacidad que producen es excesiva en comparación con lo que cabría esperar por la historia clínica, la exploración física o los hallazgos de laboratorio.

D. Los síntomas no se producen intencionadamente a diferencia de lo que ocurre en el trastorno facticio y no son simulados a diferencia de lo que ocurre en la simulación.

Hay diferencias entre los criterios de las diferentes clasificaciones CIE-10 y DSM IV-TR sobre todo referente al número de síntomas que se deben incluir y respecto al rechazo persistente a aceptar la opinión de los médicos de que no existe causa orgánica que explique estos síntomas físicos que exige la CIE-10 y no la DSM IV.

El trastorno por somatización se asocia a otros trastornos psiquiátricos como los depresivos, el trastorno por angustia o las fobias que habría que abordar de modo preferente si existieran. Es frecuente la asociación con trastornos de la personalidad.

El curso de la enfermedad es crónico, aunque fluctuante, y muy pocas veces remite de manera completa.

Para su diagnóstico, la Asociación Psiquiátrica Americana diseñó un test de despistaje que ha sido traducido y validado al Español por Garcia-Campayo y col, que resumimos en la Tabla 2. Su sensibilidad y especificidad en consultas de Atención Primaria en España es del 88 por ciento y 78 por ciento respectivamente.

TRASTORNO SOMATOMORFO INDIFERENCIADO

Es mucho más frecuente que el trastorno por somatización, que tiene unos criterios muy restrictivos, aunque a la hora de hacer el diagnóstico hay que asegurarse que no cumple los criterios de trastorno por somatización ya que al contar los síntomas de manera inconsistente pueden que pasen desapercibidos un número de síntomas si no se les interroga al respecto.

Debe cumplir los siguientes criterios:

A. Presencia de uno o más signos físicos, ej. fatiga, síntomas gastrointestinales, urinarios.

B. Cualquiera de los dos siguientes.

1. Los síntomas no se pueden explicar por la presencia de una enfermedad física o por los efectos directos de una sustancia (drogas o fármacos).
2. Si hay una enfermedad médica la incapacidad que producen es excesiva en comparación con lo que cabría esperar por la historia clínica, la exploración física o los hallazgos de laboratorio.

C. Hay deterioro laboral, social o de otras áreas del funcionamiento del individuo.

D. La duración del trastorno es de al menos 6 meses.

E. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental ni los síntomas se producen intencionalmente ni son simulados.

Tanto la CIE-10 como la DSM-IV-TR proponen criterios diagnósticos prácticamente iguales para este trastorno.

Es mucho más frecuente que el trastorno por somatización, que tiene unos criterios muy restrictivos, ya que se considera una categoría prácticamente residual. Su clínica es muy variada y el 50 por ciento de los pacientes tienen otros trastornos psiquiátricos, sobre todo ansioso-depresivos. Es menos frecuente que se asocien a trastornos de la personalidad y la evolución es más variable, ya que en unos casos el curso es crónico y recurrente y en otros puede ser un episodio único.

HIPOCONDRIA

Lo que predomina es la preocupación o la convicción de tener una enfermedad grave, más que por los propios síntomas.

El paciente solicita más diagnósticos y pruebas complementarias que tratamiento para sus síntomas. Las explicaciones médicas tranquilizadoras o la normalidad de las pruebas médicas sólo le alivian parcial y transitoriamente. La clínica es muy variable, con tendencia a relacionar síntomas banales con enfermedades socialmente reconocidas, ej. sida, sífilis, cáncer... Suele asociarse a trastornos afectivos, crisis de angustia, trastornos obsesivo-compulsivos y trastornos de la personalidad. Su evolución es crónica, aunque la mitad pueden mejorar, y siempre hay un deterioro variable de su vida familiar y social. Es conveniente derivar a salud mental este trastorno aunque habrá que aplicar en todos los casos los principios generales del tratamiento del paciente con trastorno por somatización.

TRASTORNO DISMÓRFICO CORPORAL O DISMORFOFOBIA

(Incluida dentro de la hipocondría en la CIE-10; categoría aparte DSM-IV-TR). Existe una preocupación desproporcionada, pero que no llega a ser delirante, por la fealdad de alguna parte del cuerpo o por la repulsión que se le atribuye a dicha deformidad. Puede existir una pequeña deformidad, pero la preocupación que produce siempre es más exagerada de lo que cabría esperar. La alteración se suele referir a la cara, genitales, mamas, pelo, etc... Los casos más importantes se suelen presentar asociados a trastornos psiquiátricos, lo que aconseja una derivación a salud mental, obligada siempre antes de someterse a cualquier tipo de intervención quirúrgica.

DISFUNCIÓN VEGETATIVA SOMATOMORFA

(Existe en la CIE-10, no en la DSM-IV que la incluye en el trastorno somatomorfo indiferenciado). La sintomatología en este trastorno es similar a la de una enfermedad de un órgano o sistema que se encuentre total o en su mayor parte bajo control del sistema nerviosos vegetativo. Ej. sistema cardiovascular, gastrointestinal o respiratorio (incluye algunos aspectos del sistema genitourinario).

Los síntomas son de dos tipos:

1. Síntomas que se acompañan de signos objetivos de hiperactividad vegetativa como palpitaciones, sudoración, rubor y temblor.

2. Síntomas subjetivos y no específicos como sensaciones fugaces de dolor y malestar, quemazón, pesadez y que en general lo refiere a órganos o sistemas específicos.

El cuadro característico es una combinación de: una afectación vegetativa clara, quejas subjetivas no específicas y una referencia persistente a un determinado órgano o sistema como la causa del trastorno.

Se subdivide según el órgano o sistema señalado, así:

1. Del corazón y del sistema cardiovascular: incluye la neurosis cardiaca.

2. Del tracto gastrointestinal alto: dispepsia psicógena, hipo psicógeno.

3. Del tracto gastrointestinal bajo: meteorismo psicógeno, flatulencia psicógena, colon irritable psicógeno, diarreas psicógenas.

4. Del sistema respiratorio: hiperventilación y tos psicógena.

5. Del sistema urogenital: disuria psicógena, polaquiuria psicógena, vejiga nerviosa.

6. Otras no incluidas en las anteriores.

Aunque puede haber síntomas vegetativos en los trastornos por somatización no son tan llamativos ni persistentes como aquí, por otra parte no los atribuyen tan insistentemente a un órgano o sistema determinado.

DOLOR SOMATOMORFO

En este trastorno lo que predomina es un dolor intenso y penoso que no puede explicarse totalmente por un proceso físico y suele presentarse en circunstancias que sugieren su relación con conflictos o problemas, da lugar a un aumento significativo de atención y apoyo por los familiares o por el médico. Su causa es biopsicosocial. Aunque faltan datos sobre su prevalencia, parece frecuente. En la clínica el dolor es lo fundamental, cefaleas, lumbalgias, dolores faciales atípicos, etc... es como si se respondiera con dolor al estrés, la culpa o a las pérdidas afectivas. El diagnóstico puede ser difícil y tiene que ser positivo y no sólo por exclusión. Hay un test el de Madison de utilidad en Atención Primaria y que, si suma 15 o más puntos sugiere un componente psicológico en el dolor:

1. Multiplicidad: Dolor en más de un lugar o de más de un tipo.
2. Autenticidad: más interés en mostrar su realidad que en la cura.
3. Negación: existencia de una armonía interpersonal o de un equilibrio psíquico sospechoso.
4. Relación interpersonal: el dolor varía según ésta.
5. Singularidad: el dolor tiene una originalidad exagerada.
6. Idealización del médico.
7. Nada cambia: a pesar de todos los tratamientos, el dolor permanece estable.

Cada ítem se puntúa con 0 (ausente), 1 (leve), 2 (discreto), 3 (importante), 4 (serio). Si hay 15 o más puntos es importante el aspecto psicológico en ese dolor.

TRASTORNO CONVERSIVO

(Incluido en la DSM-IV en los trastornos somatomorfos y entre los disociativos en la CIE-10).

En este trastorno encontramos una pérdida motora o sensitiva de inicio brusco de curso variable y que semeja una enfermedad neurológica, aunque la exploración no coincide con una enfermedad conocida y aparece tras un desencadenante psicológico claro, Ej. tras un accidente... En ocasiones una enfermedad médica precede al síntoma conversivo, y una vez resuelta aquella el síntoma se puede repetir en relación con necesidades afectivas y de atención.

Síntomas frecuentes son: parálisis, afonía, ceguera, alteraciones de la marcha, anestesia, etc... Los síntomas se producen inconscientemente y son modificables por la sugestión. Puede existir psicopatología previa y en general, una vez descartada una causa orgánica, es aconsejable la derivación.

SÍNDROMES FUNCIONALES SOMÁTICOS

Aquí podemos incluir una serie de entidades clínicas reconocidas en la frontera entre lo físico y lo psicológico. El incluirlos dentro de uno u otro tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja fundamental de incluirlos como un síndrome funcional es que, al aproximarse al modelo médico, el paciente lo asume mejor. Por otro lado está claro que la existencia de psicopatología es mayor en estos pacientes por lo que existe el riesgo de no tratar psiquiátricamente procesos que se podrían beneficiar de ello. Incluimos aquí el síndrome de fatiga crónica, la fibromialgia y el síndrome del intestino irritable, todos reconocidos como entidades clínicas. Aunque hay médicos que sostienen que tiene que encontrarse la base orgánica específica de estos trastornos la evidencia actual es que los pacientes deben considerarse como somatizadores crónicos. En general en todos estos trastornos son aplicables los principios generales del tratamiento de los trastornos somatomorfos.



 

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