Abordaje de los problemas de salud mental:
Trastornos somatomorfos en Atención Primaria

 

ACTITUD TERAPÉUTICA

En el abordaje terapéutico de estos pacientes es muy importante analizar por un lado lo que el paciente espera de nosotros, por otro los sentimientos que despierta entre los profesionales y al final dar unas normas generales de actuación que han demostrado ser eficaces para su manejo.

LO QUE EL PACIENTE ESPERA DEL PROFESIONAL QUE LE ATIENDE

1. Se le escuche y se le comprenda. Probablemente sea lo más importante, habitualmente se siente incomprendido. Hay que mostrar empatía hacia él comprendiendo que su conducta no es voluntaria, sino motivada por la enfermedad. El citarle regularmente tiene el beneficio añadido de que permite una experiencia correctora, pues está convencido de que sin el síntoma nadie les haría caso.

2. Aceptación de su papel de enfermo. Debemos entender que tiene una enfermedad y que sus síntomas le producen sufrimiento y, además, reconocer las limitaciones de la medicina actual para ayudarle.

3. Información sobre su enfermedad. El paciente ha estado en infinidad de médicos con diagnósticos en ocasiones contradictorios y sin saber en realidad lo que tiene. Es aconsejable ser sincero y en este aspecto informarle de que tiene un trastorno somatomorfo, que tiene una base biológica, "disregulación vegetativa", con un componente psicológico que hace que los síntomas se incrementen en situaciones de estrés.

4. Que no se le considere como un paciente psiquiátrico. Son pacientes que no aceptan padecer una enfermedad mental, por lo que se resisten a ir al psiquiatra y, aunque vayan, son pacientes que vuelven a la consulta del médico de Atención Primaria. Por ello, hay que ofrecerles un modelo orgánico en el que los aspectos psicológicos no son la causa, pero se presentan asociados y en el que es muy importante el control de estos para una mejoría sintomática.

5. Entender el significado de los síntomas en su vida. Son pacientes con carencias afectivas en la infancia, con problemas posteriores de desarrollo de su personalidad hacia estilos pasivo-agresivos, histéricos o dependientes y en los que los síntomas físicos les han permitido mantener un equilibrio, aunque precario. Por ello, es muy difícil curar a un paciente con un trastorno somatoforme porque implicaría dejarlo sin el mecanismo de afrontamiento que utiliza en múltiples ocasiones.

SENTIMIENTOS QUE EL PACIENTE SOMATIZADOR DESPIERTA ENTRE LOS PROFESIONALES

1. Frustración por la sensación de impotencia que produce. El paciente a pesar de todo nuestro esfuerzo no mejora y además nos culpa de su falta de mejoría.

2. Agresividad por la falta de control de la entrevista. Intenta llevar el ritmo de la consulta, pide una derivación a tal o cual especialista, solicita diferentes pruebas complementarias, nos transmite su angustia siempre traducida en síntomas físicos. Eso nos hace sentirnos irritables y "temerosos" cuando aparece por la puerta de la consulta.

3. Angustia del profesional por miedo a que se pase por alto una enfermedad física. Ello es inevitable, en nuestra profesión tenemos que aprender a convivir con un cierto grado de incertidumbre y más en pacientes que se expresan sobre todo corporalmente. Sí que parece que en estos pacientes, debido a su bajo umbral para el dolor y síntomas corporales, se ha demostrado que presentan tasas más bajas de mortalidad y morbilidad que otros trastornos, por lo que nuestra angustia debe ser relativa y tenerlo en cuenta a la hora de la petición de pruebas complementarias.

4. Resistencia a preguntarles por los aspectos psicológicos, pues podría implicar que el paciente dé información sobre temas que van a requerir una mayor implicación personal y utilización de tiempo del que habitualmente no se dispone.

PAUTAS DE ACTUACIÓN

1. Intentar relacionar las circunstancias psicosociales con el empeoramiento de su sintomatología.

2. Planificar citas regulares, para que el paciente se sienta atendido por el mismo profesional y evitar así su peregrinar por distintos médicos.

3. Evitar una información ambigua acerca de los hallazgos clínicos.

4. Realizar exploraciones clínicas sencillas y frecuentes, pidiendo pruebas complementarias en función de los signos objetivos y no en función de los síntomas.

5. Centrarse en la solución de los síntomas, no en descubrir sus causas.

6. Estar atentos a la patología psiquiátrica coexistente, más frecuente en estos pacientes, para diagnosticarla y tratarla.
7. Los métodos de relajación pueden ayudar a aliviar los síntomas relacionados con tensiones (cefaleas, dolores del cuello o espalda).

8. Hay que pensar que el somatizador crónico va a ser muy difícil que se encuentre sin síntomas y que el objetivo irá encaminado a mejorar su calidad de vida.

9. Entender que todo el manejo aparente de la consulta por su parte no es voluntario y que en realidad refleja su incapacidad para relacionarse con el profesional de otro modo.

10. El tratamiento farmacológico en estos pacientes ocupa un lugar secundario, debiendo ser sintomático, salvo en el caso de la existencia de otra enfermedad asociada que lo justifique.



 

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