Abordaje de los problemas de salud mental:
Trastornos somatomorfos en Atención Primaria

 

ABORDAJE GENERAL DEL PACIENTE SOMATIZADOR

Los pacientes somatizadores responden mejor al tratamiento de un solo médico identificado como cuidador principal, excepto para aquellos que presentan criterios claros de derivación, siendo la figura mas indicada para identificar y abordar el problema la del médico de Atención Primaria.

Debemos tener en cuenta que cuando está implicado más de un profesional, el paciente tiene más oportunidad de expresar sus quejas somáticas a una figura que, durante las primeras visitas, desconoce los cauces del diagnostico que ha podido clarificar su médico habitual, perpetuando y agravando la sintomatología.

El médico que se haga cargo debería ver a estos pacientes de forma regular, normalmente con intervalos de un mes. Las visitas deben ser relativamente cortas, aunque debe llevarse a cabo un examen físico parcial para cada nuevo síntoma del paciente. De manera general, deben evitarse nuevos procedimientos diagnósticos y de laboratorio.

Una vez diagnosticado el paciente somatizador, el médico de primaria debe considerar las quejas somáticas como expresiones emocionales, más que como síntomas médicos. Lógicamente, los pacientes con este trastorno también pueden presentar patología física genuina; por tanto, los médicos deben utilizar siempre su juicio clínico sobre la naturaleza de estos síntomas, y no dejarse llevar por impresiones previas. Una estrategia razonable, que puede aplicar el médico de Atención Primaria que trata a un paciente con este trastorno, es ir incrementando la conciencia de éste de que existe la posibilidad de que factores psicológicos estén implicados en los síntomas, hasta que el paciente esté de acuerdo en acudir regularmente a un especialista en salud mental, si cumple criterios de derivación, probablemente un psiquiatra, en caso de no mejorar.

La psicoterapia, tanto individual como de grupo, disminuye el gasto sanitario que suponen estos pacientes en un 50 por ciento, y gran parte de la tasa de hospitalizaciones. En el contexto de una psicoterapia, se ayuda a los pacientes a manejar sus síntomas, a expresar las emociones subyacentes, y a desarrollar estrategias alternativas para expresar estos sentimientos.

La prescripción de psicotropos cuando el trastorno persiste o coexiste con un trastorno afectivo o un trastorno de ansiedad es siempre un riesgo, aunque el tratamiento farmacológico y psicoterapéutico del trastorno coexistente está indicado. La medicación debe estar bien controlada, ya que estos pacientes tienden a utilizar los fármacos de forma errática y poco fiable. En los pacientes en los que no coexiste otro trastorno mental, pocos datos indican que el tratamiento farmacológico puede ser de utilidad, excepto en algunos casos, si el diagnostico es claro y que pasamos a describir con detalle en cada categoría diagnostica.

Es importante recordar que, para el paciente somatizador la entrevista es diagnostica y terapéutica y sugiere para el medico entrenado, por las características dramáticas de la misma, una sospecha desde el principio, momento en el que se puede comenzar el desarrollo de habilidades que formaran posteriormente los pilares de la alianza terapéutica.
Puesto que la fase diagnóstica y terapéutica se solapan, hay que recordar que el propio paciente suele frustrarse ante una entrevista convencional, por lo que ésta debe cargarse por parte del médico de elementos empáticos y evitar los roces y los enfrentamientos tácitos (explicados en el apartado de sentimientos que el paciente somatizador despierta).

Aunque no existe un tratamiento curativo eficaz, un médico formado y entrenado en entrevista clínica y habilidades empáticas que siga unas pautas claras (Tabla 3) puede constituir la terapia más oportuna.

Como un primer contacto con el paciente, podríamos definir 4 normas básicas encaminadas a corregir la yatrogenia que vienen sufriendo estos pacientes antes de dar con el médico que se hará cargo de ellos, y que son;

1. Proporcionar un solo médico al paciente.
2. Evitar procedimientos innecesarios y peligrosos.
3. Llevar a cabo exploraciones físicas simples del área afectada.
4. Proporcionar soporte en las áreas estresantes de la vida.

En cuanto a la medicación psicoactiva y analgésica, se ha probado hasta la fecha poca eficacia, excepto en el trastorno dismorfofóbico corporal y en trastorno por dolor, donde los antidepresivos pueden utilizarse con éxito en la mayoría de los casos. No existen prácticamente ensayos clínicos al respecto. Como estos pacientes abusan de drogas de prescripción médica, éstas han de restringirse y controlarse. Si existe un trastorno psiquiátrico concurrente que tenga un tratamiento psicofarmacológico eficaz, dicho tratamiento ha de apoyarse, explicando al paciente el objetivo del mismo (en todo caso, no seria "curar" el trastorno por somatización). En el mismo sentido es posible el tratamiento sintomático o conservador de algunos síntomas que suelen presentarse en el trastorno por somatización mediante antidepresivos, analgésicos, acupuntura y otras técnicas para el tratamiento del dolor crónico. En el caso de ansiedad crónica la relajación en general es preferible a los ansiolíticos en estos pacientes.

Los triciclicos pueden ser de utilidad en el tratamiento del colon irritable o la fibromialgia.

Respecto a la limitación en el trabajo, la política más adecuada es disuadir de bajas laborales mientras es posible. En casos concretos puede ser útil la negociación de periodos cortos de baja médica, tras los cuales el paciente se comprometa a volver al trabajo. En otros crónicos, graves y resistentes a todo tipo de intervenciones, el trámite de un expediente de incapacidad puede ser la decisión mas adecuada.

En cuanto al tratamiento psiquiátrico especializado requiere la colaboración con el médico que refiere la consulta. Ciertos estudios empíricos recientes han mostrado la eficacia (relativa) de psicoterapias psicoeducativas aplicadas en grupo, psicoterapias cognitivo conductuales y psicodinámicas. Los somatizadores crónicos, aunque no estén psicológicamente orientados y hayan sido resistentes a otros tratamientos, pueden beneficiarse de psicoterapias especificas en las que se busca la aparición de un vínculo psicosomático a través de la relación con el terapeuta; para ello se necesita que las acepten y no sean abiertamente hostiles con los médicos. Los casos de pacientes hostiles y negadores deben ser atendidos como si tuviese un problema orgánico. Requieren derivación, y el papel del psiquiatra en este caso puede ser el de limitarse al de experto en el control de algunos síntomas; no obstante, una relación de este tipo, una vez establecida, tiene posibilidades psicoterapéuticas que comienzan por la exploración de la relación previa con otros médicos, que suele estar presidida por la rabia y la frustración. En algunos casos especialmente crónicos y graves, en los que la historia clínica muestra que cualquier tipo de intervención, adecuada en principio, ha empeorado el estado clínico del paciente, la decisión terapéutica puede ser no iniciar ningún tratamiento y aplicar simplemente normas de buena práctica clínica.

La llamada técnica de retribución de síntomas de Goldberg y cols. fue diseñada para tratar en Atención Primaria somatizadores dispuestos psicológicamente, no abiertamente hostiles y con síntomas leves o de corta duración. Con esta técnica se pretende poner en contacto al paciente con los determinantes o desencadenantes psicosociales de los síntomas que presenta desde la primera entrevista de una manera escalonada, cómoda y manejable para el médico de Atención Primaria.

Su aplicación se hace en fases que se exponen en la Tabla 4. Se ha comprobado que esta técnica es utilizable en Atención Primaria y que mejora la entrevista con los pacientes, pero su eficacia no se ha probado en casos graves.

Se desarrolla en tres fases con un periodo de separación óptimo entre ellas de una semana, con lo que la aplicación completa debe desarrollarse en un periodo que oscila entre tres semanas y un mes, ajustándose a las necesidades de la agenda del médico. Como se ha explicado ya, en la primera fase se solapa el diagnóstico y el cambio de impresiones en la relación médico paciente con el inicio del tratamiento, en el que se deberían empezar a aplicar las normas de buena práctica clínica expuestas en la Tabla 3 En la segunda fase, es importante confrontar la sintomatología del paciente con la realidad de los hallazgos y volver a replantear la situación estableciendo un tiempo para que afiance la posibilidad de presentar etiología psicosomática. En la tercera fase hay que dedicarse a explicar, una vez se han asentado las dos fases anteriores y el paciente ha tenido un tiempo de dedicación, esfuerzo y repuesta por parte de su médico, la sintomatología relacionada con la etiopatogenia con palabras y argumentos que el paciente pueda entender, aplicando ejemplos basados en la experiencia del paciente.

En cuanto al tratamiento farmacológico a continuación se exponen algunas pautas clínicas al respecto en cada categoría diagnóstica, al margen que debe establecerse una pauta correcta para el tratamiento de la comorbilidad psiquiátrica más habitual, ansiedad y depresión.

TRASTORNO
DE SOMATIZACION (F45.0)

Aunque se han probado varios fármacos no se conoce ningún tratamiento biológico eficaz para los trastornos de somatización. En contra de lo sostenido hasta hace poco, algún trabajo concluye que la presencia de comorbilidad psiquiátrica no condiciona los resultados del tratamiento del trastorno de somatización.

El elemento terapéutico mas eficaz de los conocidos es el medico hábil, con un estilo flexible y empático de relación con el enfermo. La atención de los tratarnos de somatización requiere explorar todos los síntomas, recoger la historia natural y la comorbilidad psiquiátrica acompañante, conocer la bibliografía del paciente, así como las experiencias personales y sociales derivadas del trastorno (contacto con otros médicos), su representación de lo patológico (modelo explicativo de los síntomas) y su actitud y conducta frente a la enfermedad.

Una exploración completa de los apartados anteriores suele permitir la delimitación de la naturaleza de los síntomas, excluir otras enfermedades, establecer el diagnostico positivo y plantear los objetivos terapéuticos en la mayoría de los casos.


Desde Atención Primaria

Diversos estudios han mostrado la eficacia de las normas de buena practica clínica, explicadas en la Tabla 1, en los trastornos de somatización en Atención Primaria, en términos de disminución de síntomas y de las demandas de atención médica innecesaria, así como la mejora de la calidad de vida, beneficiándose de explicaciones tangibles, exculpatorias y acogedoras frente al rechazo, la confrontación o la duda acerca de la realidad de los síntomas.


Profundizando en el tratamiento

La atención médica de los tratarnos de somatización requiere la colaboración experta del profesional que maneja la consulta, y el conocimiento detallado de la historia, incluida la información aportada por los familiares y allegados del paciente.

Como se ha explicado, el primer contacto con el paciente debe cuidarse mucho porque es clave (algunos lo han comparado a las aperturas del ajedrez, en las cuales se movilizan las piezas principales y se establecen los temas del resto de la partida). Existe un modo especifico de preguntar y de responder empíricamente, relacionar, explicar o interpretar los síntomas por somatización, que tiene como objetivo identificar y tratar los aspectos claves del trastorno (conductas anómalas ante la enfermedad, uso emocional del lenguaje, rango y profundidad de la respuesta emocional, nivel de negación, creencias acerca de la enfermedad, trastorno emocional acompañante, de estrés y factores psicosociales relevantes en cada caso). Las entrevistas iniciales han de ser largas, para propiciar una relación profunda y una alianza de trabajo a través de la cual se puedan confrontar las preocupaciones del paciente por su salud; cuando se ha desarrollado la relación médico-enfermo es posible plantearse modificaciones del vínculo psicosomático del paciente mediante modificaciones de dicha relación.

Varios estudios empíricos recientes han mostrado los beneficios de psicoterapias psicoeducativas (apoyo, métodos de afrontamiento, mejora en la expresión emocional y disfrute de grupo, manejadas mayormente por el psicólogo) en el trastorno de somatización.

En algunos casos puede plantearse la utilización de técnicas conservadoras para tratamiento de síntomas específicos intercurrentes como el dolor crónico (antidepresivos u otras técnicas analgésicas), la depresión (antidepresivos), la ansiedad crónica (suele ser mejor utilizar la relajación o la retracción biológica que los ansiolíticos) o los síndromes somáticos funcionales, cuya atención excede la pura acción médica, debe abordarse desde un punto de vista multidisciplinario con otros profesionales.

Como ansiolítico no benzodiacepínico puede utilizarse la Buspirona; el Clorazepato y el Diazepam como benzodiacepina de acción larga; como antidepresivo tricíclico la Clomipramina; como ISRS la Fluoxetina, que sea quizá el más utilizado en la clínica, junto con la Fluvoxamina, la Paroxetina y la Sertralina; el uso del Propanolol, aunque menos extendido puede estar indicado cuando predomina la sintomatología vegetativa.

TRASTORNO SOMATOMORFO INDIFERENCIADO (F 45.1)

Algunas investigaciones recientes sugieren que responde a los mismos tratamientos que los expuestos en el trastorno de somatización y diversos síndromes somáticos funcionales. Algunos pacientes pueden beneficiarse de fármacos que actúan sobre el sistema nervioso vegetativo del tipo de los beta bloqueantes. Como antidepresivos utilizar la Fluoxetina.

FATIGA CRóNICA
(F 48)/(F 45.1)

La CIE-10 la incluye en la categoría F.48, dentro de la Neurastenia. Por su parte, la American Pysichiatric Association (APA) no la considera una categoría diagnóstica independiente, sino que la incluye dentro del trastorno somatomorfo indiferenciado, apoyándose en los aspectos psicopatológicos de origen disociativo.

El ejercicio gradual y el tratamiento cognitivo conductual han mostrado su eficacia en estudios recientes.

Como fármacos coadyuvantes pueden utilizarse la cafeína, la citicolina, el metilfenidato, pirisudanol y la sulbutiamina (vitamina B1).

Si coincide un trastorno depresivo ha de seleccionarse un antidepresivo que mejore el sueño, pero que no sea muy sedativo.

Del mismo modo que en otros trastornos somatomorfos, las explicaciones adecuadas acerca de la naturaleza del trastorno (incluyendo lo que desconoce el paciente) mejoran la situación.

Algunos tratamientos cognitivo conductuales han mostrado ser eficaces para modificar atribuciones causales erróneas de los pacientes (que parecen ser un elemento etiopatogénico amplificador crucial), para mejorar la disposición al cumplimiento terapéutico y optimizar el rendimiento funcional.

TRASTORNO HIPOCONDRIACO (F 45.2)

Hasta hace relativamente poco tiempo se consideraba que la hipocondría no tenía un tratamiento específico. Incluso hoy en día, la única evidencia que hay sobre la eficacia de ciertos fármacos es de casos aislados, series de casos o estudios abiertos. Aunque una revisión reciente insiste en la acumulación de casos y de pequeñas series en las que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y otros antidepresivos (clomipramina, venlafaxina o mirtazapina) parecen eficaces en el tratamiento de la hipocondría, aunque no existe un tratamiento biológico específico suficientemente apoyado en ensayos clínicos controlados. Aquellos casos en los que existe poca conciencia de enfermedad pueden requerir, además, la asociación de antipsicóticos clásicos, haloperidol o atípicos como olanzapina.

Algo similar puede decirse respecto a las diversas técnicas psicológicas, en cuando a la escasez de estudios controlados, que están hechos en general sobre pocos casos y tienen, a veces, limitaciones metodológicas. Sin embargo, diversos ensayos clínicos recientes han mostrado la eficacia de tratamientos cognitivo-conductuales y de otros tratamientos psicoterapéuticos.

Respecto al tratamiento médico de este trastorno la estrategia básica es intentar conseguir la confianza del paciente y cambiar el centro de la atención de éste, desde la búsqueda de una enfermedad inexistente, a la aceptación de las raíces psicológicas de su problema, para lo cual el médico debe intentar ayudar al paciente a:

o Controlar mejor sus síntomas y atenuar el sufrimiento que suscitan.
o Moderar los factores que amplifican el estrés somático y las preocupaciones relacionadas con la salud: atención prestada a los síntomas, pensamientos ansiogénicos en torno a los mismos, el contexto en el cual perciben sus síntomas y al estado anímico que presentan.
o Colaborar en el proceso terapéutico cuidando una alianza médico paciente que rompa el círculo vicioso que se establece habitualmente de ausencia de diagnóstico somático: pérdida de confianza: rechazo: frustración.
Lo que resulta evidente de la lectura de la bibliografía es la dificultad que suscita este trastorno en cuanto a su tratamiento médico. Solo desde el entrenamiento amplio y la práctica prudente, es posible tratar con éxito a estos pacientes.

Como resultado de la experiencia clínica y de la investigación realizada en la últimas dos décadas se ha propuesto una atención en dos fases para el manejo clínico de pacientes hipocondríacos crónicos (Tabla 5).

DISFUNCIóN
VEGETATIVA SOMATOMORFA (F 45.3)

El tratamiento de este trastorno es un aspecto de la enfermedad casi sin explicar por la medicina científica y experimental. Además de las normas de buena practica clínica en pacientes somatomorfos expuestas en el apartado de generalidades, se ha de considerar que muchos síntomas son susceptibles de mejoría mediante fármacos con acción sobre el sistema nervioso vegetativo. Estos fármacos son del grupo de los betabloqueantes, siendo el Propanolol el más utilizado en la clínica junto al Atenolol, aunque existen más de veinte, que se dividen en varios grupos de acuerdo a sus acciones.

SINDROME DE INTESTINO IRRITABLE (F 45.3)

Se entiende el Síndrome de Intestino Irritable (SII) como una disfunción vegetativa gastrointestinal, muy frecuentes en Atención Primaria y de las que más se han investigado recientemente. Los muchos tratamientos propuestos para esta entidad, incluidos fármacos, dietas y psicoterapias parecen efectivas, pero la variación de la respuesta placebo es muy alta y se requieren más estudios al respecto.

Los principios generales del tratamiento son similares a los de otros trastornos somatomorfos. En el contexto de una relación personal en la que se conoce al paciente, se seleccionan los tratamientos sintomáticos para el dolor, el estreñimiento o la diarrea, si la fibra, el ajuste de la dieta o la loperamida no la corrigen; un tricíclico que produce disminución de la motilidad intestinal suele ser la opción para la diarrea. Un inhibidor de la receptación de la serotonina está indicado si hay crisis de angustia o trastorno obsesivo-compulsivo concurrente. El alivio del dolor sigue los principios del tratamiento del dolor somatomorfo. Hay tratamientos cognitivo conductuales (manejo del estrés, relajación) capaces de romper el circulo vicioso ansiedad/SII y de corregir factores como la amplificación perceptiva de los síntomas viscerales.

TRASTORNO POR DOLOR SOMATOMORFO PERSISTENTE (F 45.4)

En las dos últimas décadas se ha producido un desarrollo amplio de clínicas de dolor con enfoques multidisciplinarios en los que se combina tratamiento medico-quirúrgico, tratamiento psicológico cognitivo-conductual, educación para el dolor y rehabilitación. Los estudios de seguimiento sugieren que estos abordajes son eficaces a largo plazo pero los ingredientes activos de los mismos no se conocen en detalle; en el caso de los dolores somatomorfos relevantes se desconoce en que medida resultarían superiores a tratamientos ambulatorios aplicables en medios más simples.

Cuanto más crónico es un dolor más difícil suele ser su curación completa (por la implicación progresiva de mecanismos neurológicos centrales alterados en la vivencia del paciente). Aunque existen hoy muchas técnicas para el tratamiento del dolor crónico (bloqueo nervioso, cirugía, inyección de analgésicos en puntos gatillo, estimulación eléctrica transcutanea, acupuntura) ninguna ha demostrado ser eficaz en el tratamiento del dolor somatomorfo y todas ellas tienen una acción yatrógena posible. Mientras la investigación no aclare muchos puntos oscuros que persisten en este ámbito, parece aconsejable que los pacientes con dolores somatomorfos sean atendidos, si es posible, en régimen ambulatorio, con citas regulares y objetivos terapéuticos limitados que mantengan al paciente en el mejor nivel adaptativo posible; las intervenciones terapéuticas menos invasivas suelen ser las más indicadas y las de menor riesgo yatrógeno.

Las funciones del médico en el tratamiento del dolor crónico se han resumido en la Tabla 6.

No está claro cual de los tratamientos psicológicos es mejor para los dolores crónicos con componente somatomorfo, psicofisiologicos, ejercicio aeróbico, autosugestión y tratamientos alternativos, han mostrado ser útiles en distintos trabajos; algunos paciente no se benefician de ninguno de ellos y el foco principal de atención puede ser más la discapacidad que el propio dolor.

Diversos psicofármacos pueden utilizarse como coadyuvantes en el tratamiento del dolor crónico intratable. A continuación se exponen algunas recomendaciones clínicas al respecto:

1. Los antidepresivos tienen propiedades analgésicas a través de varios mecanismos independientes (acción setoroninergica inhibitoria, acción antihistamínica y sobre los receptores alfa, potenciación de opioides naturales, acciones estabilizadoras de membranas, ansiolíticas e hipnóticas). Aunque hay muchos ensayos al respecto no está claro cual de los antidepresivos es más eficaz en el tratamiento del dolor crónico intratable. La mayor parte de los profesionales confían en los antidepresivos triciclicos: amitriptilina, nortriptilina, imipramina y doxepina; la amitriptilina es uno de los más utilizados (acaso porque facilita mas el sueño nocturno), pero la nortriptilina puede funcionar igual y se tolera habitualmente mejor. Se aconseja comenzar por dosis bajas de antidepresivos (a las que responden no pocos pacientes) e incrementarlas después hasta dosis antidepresivas si el resultado no es suficiente. El tratamiento ha de ser prolongado, pero se desconoce la duración óptima del mismo. Los serotoninergicos puros no han demostrado opción analgésica en la clínica. La venlafaxina tiene una acción agonista-antagonista de opiáceos que podría tener interés clínico pero no hay evidencia suficiente. Los IMAO pueden ser una buena alternativa terapéutica si el dolor se acompaña de síntomas atípicos de depresión.

2. Ciertos agonistas dopaminergicos: metilfenidato y pergolida, pueden aumentar la analgesia por acción moduladora sobre los opiáceos y la sustancia P.

3. El clonazepam es la benzodiacepina de mayor acción analgésica, sobre todo si existe un componente neuropático.

4. Algunos neurolépticos (levomepromacina) y antiepilepticos (fenitoina, lamotrigina, gabapentina, carbamacepina) pueden utilizarse en este tipo de trastorno.

5. El sumatriptán es muy eficaz en dolores migrañosos.

6. La utilización ocasional de placebos en analgesia ha de ser muy prudente. Una respuesta positiva al placebo no implica nada acerca de la naturaleza del dolor, sino de las respuestas fisiológicas de quien lo padece. Cuando se hace uso placebo de una sustancia hay que considerar también la posibilidad de un efecto placebo negativo (empeoramiento del paciente al no aparecer el efecto analgésico esperado).

OTROS
TRASTORNOS SOMATOMORFOS (F 45.8)

Globus histericus.

Torticolis psicogena.

Prurito psicogeno.

Dismenorrea psicogena.

Bruxismo.

TRASTORNO SOMATOMORFO
SIN ESPECIFICAR (F45.9)

Fibromialgia

Estudios recientes han demostrado que los ADT y posiblemente la Trazodona (pero no los ISRS) resultan eficaces en el alivio de los trastornos del sueño que se observan en la fibromialgia aunque no está claro su papel en el dolor y la hipersensibilidad.

El tratamiento con amitriptilina, desde 50 mg y hasta alcanzar dosis antidepresivas, suele mejorar el sueño, el estado de ánimo y disminuye los dolores.

Las normas de buena práctica clínica y algunos tratamientos psicoterapéuticos específicos para los trastornos somatomorfos han mostrado utilidad y eficacia en el abordaje clínico de pacientes con fibromialgia.

SEGÚN DSM-IV

También se consideran trastornos somatormorfos los siguientes


Trastorno dismorfofóbico corporal

Aunque una revisión reciente sugiere que el tratamiento psicoterapéutico no tiene un impacto importante en la mayoría de los pacientes graves y crónicos, hay alguna evidencia de la eficacia de abordajes cognitivo-conductuales. En algunos casos, los triciclicos e inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) reducen la preocupación dismorfofóbica y en otros con historia personal o familiar de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se ha observado una respuesta parcial a la fluoxetina y la clomipramina. La pimozida parece eficaz en algunos casos en los que el cuadro alcanza una proporción delirante, situación en la cual, debe ser remitido al especialista.


Tratorno por conversión

La resolución de los síntomas del trastorno de conversión suele ser espontánea, aunque, probablemente, se facilita con terapia introspectiva o conductual; la característica más importante de la terapia es la existencia de una relación con el terapeuta acogedora y experta. Con pacientes resistentes a la idea de la psicoterapia, el médico puede sugerir centrar el tratamiento en aspectos relacionados con el estrés y en cómo afrontarlo. Decirles a estos pacientes que sus síntomas son imaginarios produce a menudo un empeoramiento. Los ansiolíticos y los ejercicios de relajación son efectivos en algunos casos. Las formas breves y directas de psicoterapia a corto plazo también se utilizan para tratar este trastorno y deben intentarse puesto que cuanto más tiempo hayan pasado estos pacientes en su papel de enfermedad y cuanta más regresión hayan experimentado, más difícil resultará el tratamiento.

Los trastornos por conversión, con frecuencia precisan el seguimiento en Atención Primaria, ya que ante la presencia de síntomas somáticos inexplicables o una conducta anormal de enfermedad, el médico general es clave para evitar el refuerzo de la convicción de enfermedad, siendo necesario evitar, sobre todo su catalogación como enfermo imaginario o simulador.

Se trata de pacientes que suponen una gran carga económica (exceso de visitas a diversos especialistas, explicaciones innecesarias) para el sistema sanitario, cuando no se efectúa un diagnostico y tratamiento adecuados. Son pacientes difíciles que a menudo generan una contra transferencia negativa en todo el personal sanitario.

Una serie de recomendaciones que se consideran útiles en el tratamiento de estos y otros trastornos somatomorfos son las ya expuestas, enfatizando la atención del paciente en los factores estresantes y no en los síntomas somáticos, sin negar la realidad de estos.

El tratamiento psicoterápico es efectivo e incluye técnicas de psicoterapia breve, conductuales, técnicas de afrontamiento del estrés y relajación.

No existen estudios controlados con psicofármacos, aunque en el quehacer cotidiano sea la práctica generalizada y en muchas ocasiones un refuerzo iatrogénico del rol de enfermo físico. El tratamiento psicofarmacológico sólo está indicado si aparecen síntomas asociados, como depresión o ansiedad que lo justifiquen y planteando claramente al paciente cuales pueden ser sus expectativas. Una intervención adecuada y precoz de los trastornos de conversión favorece un buen pronóstico y permite ser optimistas.



 

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