Abordaje
de los problemas de salud mental:
Trastornos somatomorfos en Atención
Primaria
EVOLUCIóN
Y SEGUIMIENTO
1. La evolución de los trastornos
somatomorfos es a menudo debilitante, pueden complicarse con comorbilidad psiquiátrica
y se cronifican, excepto en aquellos pacientes en los que se realiza un diagnóstico
precoz y se toman las riendas del problema de manera firme; en estos casos pueden,
ocasionalmente beneficiarse, con un correcto manejo, de una evolución favorable.
2.
En los trastornos de somatización, por definición, los síntomas
deben haber empezado antes de los 30 años y haber estado presentes durante
varios años. Los episodios de reagudización o desarrollo de nuevos
síntomas duran entre seis y nueve meses, y pueden estar separados por periodos
de menor intensidad de 9 a 12 meses. No obstante, un paciente con trastorno de
somatización no suele tardar más de un año sin buscar ayuda
médica y habitualmente existe una asociación entre los periodos
de aumento de estrés y la exacerbación de los síntomas somáticos.
3. En la inmensa mayoría de los trastornos de conversión,
de un 90 a un 100 por ciento solucionan sus síntomas iniciales en el plazo
de pocos días o en menos de un mes. Un 75 por ciento de los pacientes puede
no experimentar ningún otro episodio, pero un 25 por ciento presenta reagudizaciones
durante los periodos de estrés. El inicio brusco, la presencia de un factor
estresante fácilmente identificable, el buen nivel de funcionamiento premórbido,
la ausencia de otros trastornos psiquiátricos o médicos y de procesos
legales son indicadores de buen pronóstico. Cuanto más tiempo duran
los síntomas peor es el pronóstico, teniendo en cuenta que del 25
al 50 por ciento de los pacientes pueden presentar más tarde trastornos
neurológicos. La cuidadosa evaluación desde el punto de vista médico
y neurológico en el momento del diagnóstico es un punto importante
que puede mejorar considerablemente el pronóstico en estos pacientes.
4.
La hipocondría presenta una evolución en episodios; estos pueden
durar meses o años separados por periodos de remisión de duración
similar. De nuevo parece existir una asociación evidente entre la exacerbación
de los síntomas hipocondríacos y los factores estresantes psicosociales.
Aunque todavía no contamos con estudios relevantes, se estima que de un
tercio a la mitad de los pacientes con hipocondría, al final, mejoran de
forma significativa. Un buen pronóstico se asocia a nivel socioeconómico
elevado, buena respuesta terapéutica a sintomatología asociada,
como ansiedad o depresión, inicio súbito de los síntomas,
y ausencia de patología medica relacionada. Un dato importante es que la
mayoría de los niños se recuperan al final de la adolescencia.
5.
En el trastorno dismorfofóbico corporal el empeoramiento suele ser gradual.
Una persona afectada puede experimentar una preocupación creciente por
una determinada parte del cuerpo, hasta que llega un punto en que esta preocupación
perturba todas las demás áreas de su vida; en este momento, la persona
puede buscar asistencia médica para resolver el presunto problema. El nivel
de preocupación puede oscilar a lo largo del tiempo, aunque el trastorno
suele cronificarse si no está bien tratado.
6. El trastorno por
dolor somatomorfo suele aparecer de forma abrupta, y se va incrementado durante
semanas o meses. El pronóstico de estos pacientes varía, aunque
a menudo es crónico y produce una incapacidad total. Cuando los factores
psicológicos son predominantes, el dolor puede mejorar con el tratamiento
o tras la supresión de refuerzos externos. Los pacientes con peor pronóstico,
con o sin tratamiento, presentan problemas asociados al trastorno por dolor, en
especial una progresiva pasividad, reciben algún tipo de compensación
financiera y están implicados en procesos legales, consumen sustancias
activas y presentan una historia larga y problemática.
7. En el
síndrome de fatiga crónica puede darse una mejoría, aunque
la recuperación espontánea es inusual. En este momento, los estudios
sobre el curso y el pronóstico no son sólidos, alguno ha mostrado
que el 63 por ciento de los pacientes con este síndrome presentaron una
mejoría en cuatro años de seguimiento; los pacientes con el mejor
pronóstico no habían tenido enfermedades psiquiátricas previas
o concurrentes, son capaces de mantener contactos sociales y continúan
trabajando, aunque sea a niveles reducidos.
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