Novedades
en riesgo cardiovascular:
Nuevos factores de riesgo cardiovascular. Su aplicación
en la práctica clínica
últimas
novedades
Aproximadamente,
el 25 por ciento de los pacientes con enfermedad cardiovascular (ECV) prematura
no presentan ningún factor de riesgo cardiovascular (FRCV) mayor reconocible.
Publicaciones recientes cifran en más de 100 los diferentes FRCV. Recientemente,
los "otros" FRCV que más peso específico parecen tener
son los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, los marcadores inflamatorios
como la proteína C reactiva, el Síndrome Metabólico y el
daño renal. Sin embargo, otros FRCV como las concentraciones altas de lipoproteína(a)
[Lp(a)], homocisteína y de fibrinógeno también se han descrito
en algunos estudios como bastante importantes.
La agregación familiar
del padecimiento de enfermedad coronaria (EC) es reconocida por la epidemiología
cardiovascular desde hace tiempo. De hecho, la historia familiar de ECV prematura
(infarto de miocardio, angina, revascularización coronaria, ictus aterotrombótico,
claudicación intermitente o muerte súbita) antes de los 55 años
en el padre u otro familiar masculino de primer grado, o bien antes de los 65
en la madre u otro familiar femenino de primer grado, es considerada por distintos
protocolos y directrices como FRCV independiente, aceptándose que la presencia
de infarto agudo de miocardio o de EC a una edad prematura es un buen indicador
de EC en la siguiente generación.
En abril del año 2005,
se han publicado la última definición de Síndrome Metabólico,
publicada por la International Diabetes Federation, por el cual para que un paciente
pueda etiquetarse de padecer esta enfermedad debe presentar una circunferencia
de cintura > 94 cm en los hombres y > 80 cm, y dos de los cuatro factores
siguientes:
1. Nivel de triglicéridos $ 150 mg/dl (1,7 mmol/l).
2.
Nivel de colesterol-HDL < 40 mg/dl (0,9 mmol/l) en los hombres y < 50 mg/dl
(1,1 mmol/l) en las mujeres.
3. Tensión arterial $ 130/85 mmHg.
4.
Glucemia basal en ayunas $ 100 mg/dl (5,6 mmol/l).
Aunque se lleva tiempo
observando una relación entre las concentraciones de homocisteína
y el riesgo de enfermedad vascular aterosclerótica, aún no se sabe
a ciencia cierta el papel definitivo de la homocisteína en la ECV. En estos
momentos, están en fase de desarrollo dos grandes ensayos clínicos
aleatorios y doble ciego para comprobar que pueden prevenirse los efectos adversos
a nivel cardiovascular de la hiperhomocisteinemia por el suplemento de ácido
fólico, ya que se sabe que el ácido fólico disminuye las
concentraciones de homocisteína. Desafortunadamente, la utilización
recomendada de ácido fólico obligatorio en los países occidentales
puede invalidar algunos de estos ensayos, ya que el grupo placebo puede recibir
ácido fólico con la dieta.
Ha demostrado ser crucial la inflamación
en el transcurso de la arteriosclerosis debida por la disfunción endotelial
hasta llegar a la ruptura de la placa de ateroma y trombosis. La elevación
de la proteína C reactiva ha demostrado recientemente su asociación
con la morbimortalidad cardiovascular. En estudios publicados a principios de
la presenta década, se comprobó que el tratamiento con estatinas
reduce los niveles de proteína C reactiva. Recientemente, Laaksonen et
al. han demostrado que los individuos que tanto han presentado como no ECV previa
y presentan cifras de proteína C reactiva elevadas, presentan un riesgo
relativo mayor de 3 de presentar un nuevo evento cardiovascular, una vez ajustado
por otros FRCV clásicos.
En una publicación del año
2005, Arcari et al., en un estudio de casos y controles con 300 hombres jóvenes
en cada grupo, comprueba una asociación positiva entre los títulos
altos de IgG e IgA a Chlamydia pneumoniae ($ 1:256) e infarto agudo de miocardio
en una cohorte de hombres jóvenes y sugiere que las infecciones activas
recientes o crónicas pueden asociarse con un riesgo aumentado de infarto
agudo de miocardio. Sin embargo, los estudios prospectivos realizados con antibioterapia,
hasta el momento son desalentadores. Cerzek, en un estudio publicado en el año
2003, no demuestra, en un ensayo clínico con un tamaño muestral
grande, que los pacientes tratados con macrólidos presenten, en un futuro
menor, mortalidad por ECV. En dos artículos publicados recientemente se
observan resultados similares: Grayston et al. siguieron a 4.012 adultos con EC
estable: el grupo tratado con azitromicina presentó la misma tasa de eventos
coronarios que el grupo asignado a placebo. En otro ensayo clínico (estudio
PROVE IT-TIMI), 4.162 pacientes que presentaban un síndrome coronario agudo
fueran asignados a dos grupos diferentes de tratamiento: gatifloxacino durante
10 días al mes durante 24 meses y el otro, placebo; tampoco se observaron
diferencias significativas en cuanto a eventos coronarios.
No hay duda
hoy en día de que el estrés oxidativo tiene un papel importante
en la patogénesis de los eventos cardiovasculares. El problema es la dificultad
en su medida, ya que sólo puede cuantificarse una parte de todos los productos
de la oxidación y reacciones químicas. Considerando el estrés
oxidativo como un desequilibrio entre los oxidantes y los antioxidantes, es obvia
la dificultad en su determinación. Además, parece aún más
difícil, de forma selectiva, modificar el estrés oxidativo in vivo.
Sin embargo, el entusiasmo del papel de los antioxidantes en la posible reducción
de eventos se esfumó con la publicación del estudio Heart Protection
Study, ya que el grupo tratado con un suplemento de vitaminas antioxidantes no
modificó la tasa de eventos cardiovasculares a diferencia del grupo tratado
con dosis de 40 mg de simvastatina, que sí lo hizo.
En el apartado
de otros factores lipídicos merece especial atención la Lp(a). Aunque
en algunos estudios se ha visto una interrelación, las concentraciones
de colesterol-LDL, en un meta-análisis publicado en el año 2000
Danesh et al. demuestran que las concentraciones de Lp(a) por encima de 30 mg/dl
aumentan el riesgo cardiovascular (RCV) independientemente de la presencia de
otros FRCV clásicos.
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